martes, 10 de febrero de 2015

Mínimas palabras en una noche de verano de 2015

Dialogando un poco, un tanto, en noches de este febrero de 2015, cuando todos están vacacionando, se vienen sensatas advertencias de vida, de soles, de extraños ojos que miran. Nada le he dicho aún al destino. Me parece que nada se puede observar cuando todavía no escudriñas. Lo único cierto que salta desde mis
 ojos, es que los días circulan veloces como ruedas sobre carreteras ardientes.Siempre los veranos han sido extraños. Lo diré igual el próximo año si es que estoy vivo. Nunca se sabe. Pero siempre, desde niño, desde joven, los he sentido diferentes. Es posible que sea ese calor que entra por la piel y moja la ropa y de repente sientes que el sudor cae por el rostro. Es la misma sensación de ahora con la de antaño. Es un sopor que hace sentir vivo, pero al mismo tiempo, desesperadamente, vivo, con deseos de gritar a orillas de océano, donde nadie hay sino oscuridad. Dialogo un poco con esta noche como otras noches de febrero. Y calculo los minutos que faltan para culminar el día, los minutos que faltan para iniciarse otro. Porque los veranos son siempre los mismos, tienen la voz apretada y la voz gastada: La voz sofocada y ardiente. Y buscas algo que quieres y que no puedes tener, mientras pasan por tu rostro molestosas mariposas.

Escrito por Carlos Amador Marchant, en 10 de febrero de 2015, en Valparaíso.-

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