martes, 17 de diciembre de 2013

ADELANTOS DE ÉPOCA

Escribe Carlos Amador Marchant

Curiosamente al paso de los días y los años se van olvidando cosas o bien el cerebro comienza a opacarse por la embriaguez del desgaste. No siempre es así, pero a veces sucede. Escribo esto a raíz de una encuesta aparecida hace unos días en donde se consulta sobre los momentos en que llegó el primer computador a Chile.
El tema, para mí, es una excusa para poder lanzar al cimiento los recuerdos rápidos de adelantos diversos aparecidos en el mundo y que, a la larga, se traducirán en pequeñas sonrisas por lo rimbombante.
Ya hablaré del computador, del primero que vieron mis ojos allá en el norte de mi patria, lugar donde me encontraba entonces.
Pero todo proviene de no más allá de dos décadas y media, es decir, desde los comienzos del 80. Por otra parte, habrá que expresar, al mismo tiempo, que la transformación del mundo en cuanto a este mismo tema viene después de la Segunda Guerra Mundial, es decir, no más allá de 60 años, o sea, una vida humana.
Entre los años 1979 aún en Chile y por cierto en todos los países subdesarrollados se mantenía la comunicación mediante el poder de las cartas. En nuestro territorio, Correos de Chile, sin duda, tenía el monopolio de las comunicaciones.
En momentos de recordar debo decir lo siguiente (esto aparecerá en unas memorias de instante que estoy desarrollando): “Recuerdo en 1979 haberme ganado un premio nacional de poesía y que mi madre (le solicité ese favor) había mandado esos textos por correo común, es decir, aquellas cartas que se echaban al buzón que luego, sin duda, llegaban arrugadas, dobladas o bien llenas de manchas de humedad “.
Esta es una de las mejores experiencias que me tocó vivir en esos tiempos. Tenía tan sólo 24 años, y como pasa en todos los períodos del ser humano, nunca se piensa, en el momento, llegar a viejo o por lo menos a la adultez. Ahora, a mis cincuenta y un años de edad, veo a los más jovencitos subirse a los autobuses, garabatear, lanzar al aire las grabaciones que trae el celular, por lo general obscenas, sin importar si hay mujeres al lado o personas que buscan la tranquilidad. Frente a las risotadas de ellos, yo sólo levanto la vista y digo..¿pensarán que somos huevones estos bichos nuevos?. Al final recapacito y recuerdo que en las etapas de juventud fuimos iguales. Propongo a todos no olvidar que el mundo es una rueda, es decir, llegaremos a viejos, y todos, como otros, moriremos en algún instante y muchos nos llevarán flores al cementerio. Es decir, la rueda.
Sin embargo, esta crónica no es para ponerse triste, más bien es para recordar y pasarlo bien. En cuanto a recuerdos, permítanme decirles las apariencias y experiencias respecto a las comunicaciones de aquel entonces. Que conste, en todo caso, que yo provengo de una generación actual, la generación de los que quisieron innovar el mundo, de buscar cosas nuevas, de amar por sobre todo, de hacer de este globo, algo mejor para su final. Los hippies, antes y después del Festival de Woodstock en 1969 proponían eso. Los adelantos de la tecnología, al final, terminaron con las ideologías.
Propongo concentrarnos en lo que quiero decir.
El premio nacional de poesía al que hice mención en líneas anteriores trae consigo una serie de recuerdos de la época. Por ejemplo, el anuncio del premio lo expone un muchacho que hoy debe ser un anciano o tal vez ya murió, es decir, el cartero de mi sector. Gritaba en la puerta de mi casa..¡¡telegrama¡¡…y hubo que salir y firmar un cuaderno arrugado y sucio y tras darle su propina por traer esa noticia que no se sabía si era buena o mala (porque los famosos telegramas ponían nerviosos a medio mundo. Nunca se suponía si era el anuncio de una herencia o de la muerte de algún pariente cercano) después se tenía que abrir ese papel amarilloso con palabras pegoteadas en sus contornos. Dependiendo de quién te lo mandaba, por falta de dinero o no, a veces se tenía que elucubrar asuntos de sabiduría para saber lo que decía. Ejemplo: “Vengo norte. Estaré 6. Puedes atenderme?. Jaramillo”.
Algo parecido me ocurrió con ese premio. Si bien el telegrama venía de una universidad, los textos eran así: “Ganó premio poesía. Ceremonia jueves 20 horas. Venga.”
Y Nada más.
Con quién debía comunicarme?. ¿quién me recibiría?. Era la comunicación de la época.
Aún tengo en mis retinas los correos del norte, específicamente de Iquique, del Iquique pobre de la década del 60.
Los correos del estado se caracterizaban por ser edificios grandes y de cemento duros. Eran verdaderos palacetes de la época. Con grandes escaleras y un olor a tierra seca y a humedad que calaba los huesos. Los funcionarios por lo general eran hombres de rostros tristes o trasnochados, casi siempre con una sonrisa amoratada, tal vez para no mostrar sus dentaduras cariadas o su aliento a perro muerto.
Pero lo más terrible eran las filas interminables para poder depositar la correspondencia, que obviamente, primero debía ser timbrada y luego ser depositada en el buzón.
Los telegramas eran cosas peores. Los polvorientos hombres del servicio te contaban las palabras, y cada miserable sílaba costaba un peso más. Decían: “esto le costará 20 pesos” Y si el fulano no tenía ese dinero comenzaban a dialogar mientras la interminable fila esperaba: “Es que sabe, no tengo ese dinero”…”entonces recorte”, replicaba el funcionario de cara de cadáver de trasnoche. Y la fila seguía interminable. A veces la frase del individuo debía decir: “Amor, llego a Concepción a las 5 de la tarde, espérame en la cama” ..¡¡recorte¡¡¡..gritaba el individuo mientras la interminable fila esperaba. “¿qué recorto?” decía el desvalido…”pues haga lo que quiera, pero hágalo rápido”. Y al final, por los nervios, el pobre hombre recortaba. El telegrama quedaba así: “Amor, Concepción 5 tarde, cama”. Eso no lo entendía nadie..salvo su mujer. Si ella lo conocía bien pudo ser, pero si no…entonces, tal vez, por lo que decía el miserable telegrama, tendría la cama hecha y limpia. Nada más, aunque el miserable se retorciera de ganas de hacer sexo.,
El otro problema eran los días. Preguntaba el individuo: “¿Cuándo llega esto?”. Y el funcionario de boca fétida le decía: “¡tres días¡¡”…Al final el hombre se iba cabizbajo. Debía estar en Concepción en dos días.
De la noche a la mañana todo fue un cambio. Ahora, herencia de lo que se trabajó por generaciones, los jóvenes actuales hacen uso y desuso de la tecnología, se jactan, ríen, vomitan en torno de todo.
Debo decir que esto ha sido en un cerrar y abrir de ojos.
Ahora en un segundo puedes lanzar un flato y se escuchará en Moscú.
No quise decir que he envejecido eh.
Solo que la tecnología ha sido mas rápida que un atleta.

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