viernes, 20 de diciembre de 2013

"Después de mi Casa" (Libro publicado en 1983 en editorial de la Universidad de Tarapacá de Arica-Chile)





CASA MÍA

Hay olor a pan en esta casa.
Hay olor a pan y a madera.
Y cada vez que abro mi olfato
un aroma a vida golpea las paredes.
Y no hay nada que esconda este sitio pequeño.
No hay nada más que ventanas entreabiertas.
Y gritos de niños que vienen y se acercan
desde la calle.
Y polvo que acecha como lobo
y cae, a veces, como lluvia.
Quiero decir que es una casa pobre.
Pobre como papel abandonado. De ésos
que se observan amarillos
en rincones más oscuros de alguna parte.
Y estoy aquí dormido sobre ella. Y la poseo
grotesco
de día a noche.
Y la vuelvo a hacer mía. Y la acaloro indefinible.
Y luego salgo y huyo
y dejo mi yo escondido en los rincones, en algún
sitio de estas paredes.
de estos sillones,
de estos silencios.

HOY PARIÓ

Hoy parió una gata en un rincón de mi casa.
Debe haber llegado a oscuras
desde muchos otros tejados humildes y lejanos. La vi
cuando el sol comenzaba a iluminar la tierra. Ahí estaba
pálida, taciturna, convaleciente.
No reaccionó ante mi presencia
más bien parece haberme narrado con su mirada ingrávida
toda su desesperante aventura. Yo la miré,
y ante mi mirada un maullar suave
estremeció las paredes del patio.
La desconocida, tal vez a las tres, cuatro o cinco de la madrugada,
barrió con todo lo que encontró a su paso: camisas,
trapos, calcetines, diarios viejos. Todo
quedó húmedo y ensangrentado.
Y ante mi asombrada e insistente mirada, pareciendo
comprender la exactitud de las cosas,
cogió de uno en uno
a sus tres cachorros
para llevarlos a un paseo por la vida.



SOMBRAS


No  es el polvo que cae
el que me hace sentir extraño en este mundo. No es ni son
gritos, llantos ni maderas apolilladas de esta casa.
Más bien parece ser mi inclinación a las sombras.
Las sombras de árboles pisoteados por sequías,
las de maderos inclinados en patios derruidos,
las de gatos que pasan por tejados.
Y son tantas.
Llegan a ser tantas que todos los caminos parecen oscurecerse.
Y hay escenarios malditos y noches deprimentes.
Y hay luces que se apagan encendidas.
Entonces mi cuerpo se sienta sobre una silla
casi amaneciendo
asfixiado por cientos de sombras guturales
y encarcelado.



DE REPENTE

De repente
dan ganas de ser más que un pan duro. Transformarse
del barro al agua pura. Saltar
de un estado a otro
como el brinco de una pulga. Y juguetear
con cien flores en las manos.
Porque soñar no cuesta nada
y hay que prolongarse
como el acto sexual extremo y exquisito.
De repente dan ganas de crearse
en un cuadro perfecto
que no está en galerías ni en museos.
De repente dan ganas de estar en la mente
de alguien que aún no ha sido parido.
Porque la mediocridad dejará
de ser jefa en este mundo
y el pan duro
debe ablandarse un día de éstos.



COSA BRAVA DE MI BARRIO

Todo es bravo aquí
como temporal en el océano,
donde barcos saltan y se refugian
donde rostros brincan y se contraen.
Extraña carátula de este sitio lejano.
Presencia desordenada del tiempo.
Pero este es el ojo
donde todo brilla como diamante,
donde la tarde salta como pez.
Aquí la cosa es brava. Pero tal vez no
para el que ha nacido en sus ramales,
en estos espacios de tablas y ranchos.
Aquí los hombres comen y beben y matan
su pobreza,
dan puteadas al mundo,
escupen el azadón, compran
con dinero arrugado, sudan
cumbias revoltosas.
Aquí la cosa es brava y es
medianoche.

Mi barrio, a fin de cuentas, parece lata oxidada.




OH!


Seguiré volando como pájaro solitario,
como el que anduvo por lugares distintos
buscando calor
en el desierto
en el mar
en sitios distantes y desconocidos.
A fin de cuentas es posible que sea un pájaro. Un pájaro
marchito
de alas, entumido
de cuerpo. Un esquelético
ser alado
sin destino. Fétido
de penas
de puertas y sonidos.
Reitero ser un pájaro. Un pajarraco
que blasfema al mundo,
que siente molestias del sonido de una mosca.
Pero al final se encuentra.
Y cuando lo hace
se arrincona
en cualquier parte
a comerse
a sí mismo.



PUEBLO INFIERNO

Pueblo chico, de los grandes
infiernos. Aquí cien ojos
te miran
te corretean
te revientan como una granada. Pueblo
chico
del norte
sur
este u oeste. Pueblo
chico
macanudo
panorama del mundo que vivo.
Pueblo a fin de cuentas. Ojos
injurias
donde te pisotean
si eres extraño.
Aquí ladran perros
yacen gatos
las calles vomitan
garabatos. Pueblo al fin
de héroes escondidos, barro
iracundo
pueblo
pueblo
pueblo.




YO NO CONVERSO


Con nadie converso. Es mejor
sentirse
solo
como isla, peñasco
de la pampa.
De sueños incautos prematuro sin iras
no converso con nadie.
Es decir soy ermitaño yo no converso
con nadie. Es decir soy
ermitaño y me escupen por la espalda.
Entonces soy de ningún sitio.
Vago gitano sin carpas, danzarín
de tierras negras.
Y me entretengo en planicies
sin seres
sin vozarrones sin gusanos, más allá
de todo
lo que parezca
un mal inicio.




A VECES

Como un fierro pesa la ira de la gente.
Mantenerse incólume no es cosa de este mundo.
Este es el diario trajín de los días.
El grito y el ruido tienen al mundo enfermo. Ya no se puede
guardar silencio. Todo es un ritmo
de pasos acelerados. Nadie reposa
en esta jaula. Sólo la soledad
y el silencio duermen.
Y parece que estuviesen en otra época,
en otra pieza,
tal vez a puerta cerrada
y con candado.





HE PENSADO


Como vehículo retrocediendo
retrasaré mis pasos. Iré a la orilla
de la vida.
He pensado salir del esqueleto,
rasgar tercas ilusiones. He pensado
olvidarme
de rostros
y palabras,
eliminar textos de junio,
edificar calendarios nuevos.
Porque todo lo propuesto hoy
tiene rostro reciclable.
Porque ahora soy hombre pelo en punta refugiado
sin ojos sudor rumbos.
Y mientras más corro
por calles
siempre choco
como ebrio.




PERO LA VIDA

Pero la vida hay que tratarla de una manera distinta.
Propongo mirarla más allá de los ojos.
Propongo mirarla como al aire.
Quiero decir amar lo más simple. Oler
la leche por la mañana
y la planta recién germinada. Y tocar
las alas de un pato en vuelo. Escuchar
la alarma del gallo desde el gallinero, y volver a oler
nariz abierta
el excremento de los potros.
Propongo amar las cosas más extrañas: la transpiración
de un ser recién venido al mundo; la sábana
de dos amantes en hervor.
Y saltar como conejo eufórico
cuando el sol lanza agua en las mañanas.





Y….?

Por correr como potro salvaje
hiciste pebre los caminos. Estás crucificado
y los ojos te saltan.
Se derramó tu vida como de un vaso roto
y vives agonizando.
De tantas cosas que no te dieron
correteas lanzando puteadas al mundo.
Pero aun es tuyo el guitarreo solitario.
Y difunto atragantado sigues
lanzando calzoncillos por ventanas.
Y abres la boca con terror
esperando que alguien te grite:
“entra a la vida, de una vez por todas,
pequeño granuja”.

2 comentarios:

Alexandra Haberl: dijo...
.. Qué belleza!!!!

Alexandra Haberl
(Buenos Aires--Argentina)
Marcelo Ivan Saez Barrena dijo...
QUE SE SENCILLO

Marcelo Ivan Saez Barrena

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