lunes, 30 de diciembre de 2013

UN MUNDO DE MULATAS Y LA HISTORIA HUMANA




Escribe Carlos Amador Marchant



Detrás de la vida, dicen, está todo. Otros expresan, detrás de todo está la nada. Entender una cosa con otra, deja boquiabierto a incrédulos.
Pensé un día caminar por las playas del Caribe. Ahí está el todo, dicen algunos. Esas playas que uno observa con arenas blancas, a diferencia de las costas chilenas, e imagino las primarias películas del agente 007, cuando Ursulla Andrews salía de las aguas calientes mostrando un calzón que se apretujaba al trasero. De ese tiempo a este tiempo, donde hoy por hoy por Internet se ven mujeres mostrar todo del todo y mucho más, comienza uno a pensar que las playas del Caribe son bellísimas, sin dejar de lado a filósofos jóvenes que dicen: “todo es el letal vino de días triviales”.
A la gran potencia del turismo no les quiero decir que nadie viaje a esos lugares, ni que las famosas luces de la fantasía dejen de ser fantasías, ni que las mujeres, como bien dijo en una canción Ana Belén “En la bailarina no se ve”, tratando de explicar que los hedores y callos y dientes mal higienizados y rostros feos por las mañanas “en la bailarina no se ve”. Son cosas de la vida. Ustedes, señores, tranquilos.
Hoy por hoy, producto de esta cosa que se llama la apertura de naciones, el libre mercado, el neoliberalismo como acuciosamente disparan los que se preocupan por la eternidad de mejores costumbres, y valga decirlo, por este flagelo del planeta que no es irreal, basta que los incrédulos viajen por el mundo y se percaten de tal atrocidad.
Estoy hablando de bellezas del Caribe, aquellas que muchos quisieran ver y que provienen de una historia triste que pasa y transita por la historia de la historia. Nace una pregunta: ¿Alguien viene al mundo para no tener historia? O mejor dicho ¿hay quien nazca sin ella?.
En Valparaíso por estos días se entrelazan bellas mulatas. Cierto es que vienen con deseos de trabajar en el puerto o llegaron con afán de turismo. Lo concreto es que comienza a ponerse interesante este sitio con tanta belleza disímil.
Me las he encontrado en los ascensores de edificios públicos, en las ferias, en el centro de la ciudad.
En la plaza Aníbal Pinto, frente a la Intendencia, lugar donde preferentemente se instalan músicos a entregar ritmo tropical y de otros, dos mulatas bellas pasaban por los alrededores. Una de ellas escuchó la música y se puso a bailar sin mirar a nadie. En los contornos dejó la estela del Caribe. Valparaíso se encendió de repente.
Muchos años atrás Neruda dijo: “Sin negros no respiran los tambores y sin negros no suenan las guitarras”.
Es verdad, las bellezas negras iluminan contornos. Neruda, junto con expresar la traída de la belleza y el ritmo, también habló del sufrimiento de esta hermosa raza en el devenir de los siglos. Porque no sólo llegaron trayendo luz, sino que junto a ella la oscuridad, latigazos y torturas.
Hermoso pudo haber sido que estos africanos más tarde transformados en mulatos, hubiesen llegado a nuestras tierras como lo hacen hoy en día, sonriendo contornos, saboreando el color de las avenidas. Porque me siento seguidor de la belleza negra, parece que siguiera un camino de los no encontrados y en donde se confunde la hermosura con el sufrimiento.
Por más de cuatro siglos, y tras la llegada de Colón a las costas americanas, no conforme con el exterminio de las civilizaciones ya asentadas, no conforme con el ladronaje y el pillaje en cuanto a la riqueza de la tierra, buscan la mano de obra barata para salvaguardar los territorios robados. La solución inmediata, por cierto, fue encadenar a los negros del continente africano y trasladarlos atravesando el atlántico hasta llegar a ser vendidos a los colonos americanos. Fueron millones los que subieron al paso de los siglos a los barcos negreros, miles de ellos lanzados al mar en medio de las travesías. España, Portugal, más tarde Inglaterra, Francia, llevaron las ventajas en cuanto a la trata de negros. Luego la esclavitud, luego la discriminación, no exterminada esta última hasta la primera mitad del siglo 20.
Hablando de esta discriminación interpuesta por la enfermiza visión de los blancos en torno a las “supuestas” “razas inferiores”, recuerdo en mi ciudad de Iquique a un inspector regordete descalificando a todos los morenos que se le atravesaban en el camino. Les gritaba ¡¡indios bolivianos¡¡. Era el temible, el odioso profesor de artes plásticas, el demonio mismo que dejó pésimos recuerdos en los jóvenes de la generación del 70. Producto de tanta maldad, los estudiantes sólo optaron por bautizarlo como “El loco”. El famoso inspector odiaba a los morenos y especialmente a los bolivianos. Traía al presente la nefasta Guerra del Pacífico. Cuando se le presentaba la ocasión los sacaba de los baños y los llevaba por el patio ridiculizándolos. Les replicaba a todo vozarrón: “Indios titicacos, pan con queso”. Lo de titicaco lo entendía por el lago Titicaca de Bolivia. Lo de “pan con queso” jamás pude entenderlo.
Obviamente por mi tez morena alguna bofetada recibí de este demonio. Cuando emigré de Iquique el año 1972 nunca más supe de él. Imagino debe haberse transformado en seguidor de la dictadura militar por sus retrógradas ideas. No sé si habrá muerto. Es mejor no saberlo.
Los africanos fueron poblando América al paso de los años y, por ende, despoblando muchos territorios de África. Los esclavos fueron vendidos por todo el Caribe, y la proporción en lugares como Puerto Rico era de 300 blancos a 6.000 negros. En los cuatro siglos de venta de esclavos hubo muchas sublevaciones castigadas con muertes y torturas.
Pero la historia miente demasiado. La historia está al servicio de los poderosos y del dinero. Andrés Sabella, poeta y escritor chileno, en una de sus brillantes exposiciones en el aula magna de la Universidad de Tarapacá de Arica, en la década del 80, eludiendo ser pisoteado por la bota militar de entonces, hablaba sobre sus temas favoritos: la historia de Chile y América. Nunca tuve frente a mí a un conferencista sin papel ni nada, sólo apoyado por su mente de enciclopedia, el don de la palabra y una voz que no necesitaba de micrófonos. Sabella era capaz de mantener en silencio a un público por más de una hora, y cuando se sentían ruidos de butacas, lanzaba una humorada y todos estallaban en risas. “El duende” como le decían sus cercanos, en su última conferencia en esa universidad antes de morir en el vecino puerto de Iquique, manteniendo por más de dos horas a un público que requería escuchar cosas interesantes en el nebuloso circuito dictatorial, gritó al finalizar su alocución: “¡Pero la historia miente, queridos amigos. Mucho cuidado con ciertos historiadores!” Y se levantó en medio de aplausos.
En torno a estas mentiras es preciso decir que hasta estos días se sigue diciendo que los habitantes de nuestro continente vivían en el atraso y en la pre-historia. Se desconoce con esto una civilización capaz de haber levantado ciudades extraordinarias, ser expertos orfebres y conocer el número cero diez siglos antes que los europeos. Se desconoce tras el exterminio lograr el levantamiento de ciudades comoTenochtitlán, habitada por más de medio millón de seres, Machu Pichu y también pirámides extraordinarias como las del Sol y la Luna.
Luis Vitale grafica esto: “El viejo mundo en el siglo XV, sobretodo España, estaba recién medianamente unificada, bajo el reinado de Fernando e Isabel la Católica. Antes, había sido colonia del imperio romano, del siglo II antes de Cristo al siglo V de nuestra era. A partir del VII, de hecho dominada por el imperio musulmán hasta mediados del siglo XV, lapso en que los ibéricos –y por su intermedio los europeos- pudieron recién conocer a grandes filósofos árabes”.
Me viene Sabella de nuevo: ¡la historia miente!. Es decir, se exterminó a una población que había llegado más de 5 mil años a estos territorios por el estrecho de Behring.
Al mismo tiempo todo esto va en franco beneficio de los grandes capitales en este o en otro tiempo. Las guerras, los trastornos de la naturaleza por parte de la impiedad de los diminutos y poderosos hombres.
En 1945 el Premio Nacional de Literatura Manuel Rojas, expresó en un largo análisis de los poderes al paso de los siglos, específicamente situándose en las guerras de los poderosos y el capitalismo: “No habrá paz en Europa ni habrá en el mundo en tanto el capitalismo sea dueño absoluto de las riquezas del mundo y usufructúen de ellas sólo una mínima parte de la humanidad. En Europa sólo hay ciudades destrozadas (2da. Guerra Mundial) y pueblos hambrientos. ¿Esa es la paz?. Sí, tal vez la paz del imperialismo y la del capitalismo, pero no la paz del hombre. Por lo demás, el imperialismo y el capitalismo no tendrán paz nunca. Tendrán treguas, pero durante esas treguas ellos mismos irán creando, como desde 1918 hasta 1939, las fuerzas que volverán a encontrarse y que finalmente los destruirán, si es que antes no destruyen ellas al mundo”.
Pues bien, yo veo por las calles de Valparaíso caminar a las mulatas, las bellezas que nos llegan del Caribe.
Tras tanta historia y mentiras, no me queda más que observarlas y guardar silencio. Ese silencio cómplice, que dice a la larga amar la belleza por sobre la podredumbre de los humanos.

1 comentario:

psicolopezg dijo...
...busco el amor oscuro de una mulata...

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