lunes, 30 de diciembre de 2013

UN PONCE QUE NACIÓ PARA SUFRIR



Escribe Carlos Amador Marchant


He revisado minuciosamente los escritos de un poeta.
Voraz, voraz. Estamos viviendo una etapa complicada en la política chilena. Pero estoy leyendo a un poeta.
Hay quienes desechan leer poesía en períodos difíciles.
La política chilena está complicada.
Quiero hablar de un poeta.
Quiero hablar de Ponce. Pero ¿quién es Ponce?.. Miren ustedes qué sonido, pareciera incluso que viene de avenidas y playas del Caribe.
Me refiero, específico, a Renán Ponce, el poeta devenido.
Lo conocí hace unos años en Valparaíso, concretamente en la década del 90. De rostro campesino y estatura sorprendente, siempre parecía alejado aunque con una sonrisa saliendo como ese sol que aparece temprano en el desierto.
Hermano de Exequiel Ponce, ese socialista que salió a luchar en la clandestinidad tras el golpe militar en nuestro país. Ese obrero portuario que se transformó en miembro de la comisión política de esa colectividad y que salió a la calle, a trabajar conciencias, a decirle a la gente que había que reagruparse para sacar a los golpistas del poder. Pero la represión se acentuó aun más al paso de los meses. Los fascistas logran el 5 de octubre de 1974 desarticular al Movimiento Izquierda Revolucionario (MIR) comandado en ese momento por Miguel Enríquez, padre de Marco, quien fuera candidato a la presidencia de Chile y que sorprendiera con una votación histórica en diciembre de 2009. Enríquez tras ser descubierto su paradero, fue acribillado por pelotones de fuerzas represivas en su domicilio de Santa Fe 725 en la comuna de San Miguel, lugar que aún conserva las balas en esa casa que es visitada cada año por muchos chilenos. Un año más tarde, luego de muertes y muertes, Exequiel Ponce es apresado a la 1 y 30 de la madrugada del 25 de junio de 1975 junto a Mireya Rodríguez, en el lugar que arrendaban clandestinamente, en la calle Tocornal de Santiago. Apresado y torturado, nunca se ha sabido el paradero de Exequiel. Es decir, han pasado 40 años sin que nadie dé una señal de los huesos de este hombre que creyó en la libertad.
He revisado minuciosamente los escritos de un poeta.
Un sol oscuro gatilla mis ojos.
Pues bien, ahora transitan muchos autos por el mundo, y por el mundo de Chile las asonancias parecen dispares. Chile, los chilenos, a veces creo, están a la deriva por excesiva tecnocracia.
He revisado y sigo revisando la poesía de alguien
Renán Ponce nació como su hermano en Quebrada Alvarado, lugar que no logro conocer y que, según grafican mis amigos, es un sitio campestre de belleza extraordinaria. Cuenta Ponce de los caballos, de su madre y su padre, de sus hermanos.
Concretamente Renán Ponce no surge a la poesía desde niño, ni perteneció a generación alguna, ni siquiera estuvo lanzando panfletos en bien de la poesía. Aflora de repente, aunque dentro de su mirada ya traía el lazo de las palabras, las que siempre le molestaban, las que se entreveraban por su espalda. Desde hoy será el “poeta devenido”.
Hombre de versos y no de caballos, o tal vez dejó los caballos para dedicarse a los versos. Lo concreto es que Renán Ponce esconde en su mirada una tristeza infinita.
He revisado minuciosamente la poesía de este hombre campesino.
El profesor universitario Marcelo Novoa dice de él: “ No me canso de señalar el injusto silencio que la crítica se ha cobrado de su obra. El mismo especula que tal olvido lector se debería a su vida retirada. Pero intuimos que tan mezquinas razones no se condicen con las atareadísimas horas muertas de nuestros críticos locales. Ya caerán en cuenta de tamaña resta”.
Juan Cameron aporta lo suyo en su estilo y expresa que: “No hemos escuchado bien a Renán Ponce. Llegó a la poesía en una época, como bien dice Eduardo Milán, sin clientela. El escaso nivel cultural a que han sido condenados nuestros pueblos, la reducción del Estado y el empobrecimiento general de las naciones -con un discurso por lo demás enriquecido- le han jugado una mala pasada”.
La verdad es que Renán Ponce es un poeta natural y mantiene en sus manos (cerebro) una doctrina poética que elabora bien. Es probable que en la temática (vida-mundo) se reencuentre con asuntos ya gastados. Un profesor de literatura de la ex Universidad de Chile en Arica, a dos años de la dictadura militar (cuando yo estudiaba pedagogía en castellano) en consecuencia instalado por el régimen, me dijo al saber que a los 19 años escribía poesía: “Acaso no sabe usted que ya está todo dicho”.
Me traumó.
Dejé de escribir por varios meses.
En todo caso, el fascista y malintencionado docente, me hizo un favor. Era preciso leer más para saber que si todo ya fue dicho mejor trabajar en cosas “ya dichas, pero mejor elaboradas”.
Ponce es un buen poeta. Conserva un ritmo coloquial y que al mismo tiempo es de ahora. Me gustaría que hablara, en todo caso, del maldito mundo en que vivimos, de la hediondez de la pampa, de los mares y del hombre que ha dejado de ser hombre.
Renán Ponce lo dice en uno de sus poemas: “Uno debiese escribir como si no tuviese amigos, parientes, como si fuese soberano.” (Breviaturas, 2005). Pero el mundo está lleno de poetas y escritores.
Ponce es un hombre triste y por lo tanto el mundo debe reclamarlo. Antes hablábamos de su hermano desaparecido hasta la fecha, el inmortal Exequiel, esa tristeza que a Renán se le puso en los ojos sin dejar de atenuarla.
Doblemente la tristeza se agudiza cuando su esposa, la poeta Axa Lillo toma la determinación de suicidarse con una bufanda en el living de su casa (Diario El Observador de Limache, 30 de octubre de 2009). Los poetas la lloraron en silencio. Ha sido el gatillo para que Ponce recomience su vida tan unida al sufrimiento mental
“En los aeropuertos el animal no tiene pasado,/partidas y regresos de un mundo que no es mundo./La tierra de todos no es de nadie”. (Sol Terrestre, reedición 2003).
Me atrevo a decir que Ponce es un poeta-poeta, de los que nacen, viven, se nutren. Es la misma condena que nos pusieron los que nos inventaron.
No había conversado con su poesía de la forma que lo hago hoy. Ahora él me dice en silencio:”Detrás de las cosas/qué hay detrás de las cosas”
Su padre le decía “el filósofo”, tal vez tratando de adelantar parte de su vida: “Mi padre (cuando niño) me llamaba el filósofo/y yo respondía en dudosa sonrisa” .
Renán camina por las calles de Valparaíso. Lo veo, en verdad en todas partes del mundo. Creo que él merece reconstruir su obra. No tuvo hijos con su mujer amada. Ël lo expresa de esta manera: “”Y cuando sea tarde/cantaré los hijos que no tuve/como el guerrero que descansa/después de saber que no mató a nadie”.
Ponce se encuclilla y me llama por teléfono. No estoy seguro de lo que me dice. Su voz es cortada por el paso de tanta miseria psicológica. Yo lo escucho y le digo un sí, que pronto estaré con él, pero estaré con él, en el bien entendido que “¿Acaso no sabes que todos los sufrimientos agigantan el poderío poético?


1 comentario:

Gustavo Moya Silva dijo...
Con que maestria, còmo con su lenguaje sencillo y sutil Carlos Amador nos va llevando a conocer a este sufirdo poeta de Quebrada Alvarado. Se da tiempo para recordar al desaparecido Exequiel , de Miguel Enrìquez, su hijo Marco, todo en una sola unidad narrativa. Muy hrmosa cronica que nos permite pasearnos por pasajes muy negros de nuestra historia reciente. Una vez mas Carlos Amador nos entrega su alma tras las letras.

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