sábado, 28 de diciembre de 2013

SIEMPRE A LOS SERES HUMANOS


Por Carlos Amador Marchant

Esto es la vida y resulta en todos los tiempos, alejarse de entornos. Esos recovecos que se van formando al paso de días, de años relacionados con arrugas de piel. Los caminos recorridos y los que muchas veces se aparecen sin ser recorridos, algo así como utópicos segmentos, están a veces presentes sin que alguno de nosotros los llame.
Pero la vida está en cada espacio de las calles, y las calles al mismo tiempo no se separan de nosotros aún pasen los años.
Es probable que quien mejor grafique este asunto es el poeta peruano César Vallejo, con esa vida extraña de los que vivieron en los comienzos del siglo 20, que lo hacían todo, que lo corrían todo, como sabiendo que la vida se les escaparía a corto tiempo.
El “Indio” “el cholo” Vallejo como muchos lo apodaban siempre miró la existencia como algo que estaba en la cotidianidad, aunque a la vez miraba con ojos distintos los episodios que circulaban. Hombre fallecido sólo a los 40 años, vivió intensamente cada espacio de la vida, la religiosidad temprana, los distintos estudios hasta terminar en un hombre de letras que lo condujo por el mundo.
Pero no es Vallejo el que interesa en este escrito, sino sus frases que están estrechamente relacionadas con él.
Igual Vallejo, el poeta de Chuco, Perú, me acompañó por largos años, en los tiempos de la universidad, en que cada uno trataba de buscar refugio en palabras de los grandes que se nos alejaban en tiempos de dictaduras en americalatina.
Vallejo fue crítico de escritores de entorno, su vida fuerte puede establecerse en la postura siguiente: “El literato de puerta cerrada no sabe nada de la vida. La política, el amor, el problema económico, el desastre cordial de la esperanza, la refriega directa del hombre con los hombres, el drama menudo e inmediato de las fuerzas y las direcciones contrarias de la realidad, nada de esto sacude personalmente al escritor de puertas cerradas”.
Acá nuevamente me viene Alicia Galaz Vivar a la mente, en mis tiempos de los 18, en la lejana Arica: “autenticidad temática”. Eso dijo ella, con su voz menuda, tratando de enseñarme a ser un hombre de rumbos buenos.
Quien más que Vallejo para decir “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no sé!”. La vida, sólo eso, la que nos mandan, inducen, inconsciencia humana, para luego vivirla, en los mercados harapientos, en los submundos o en los mundos de los que lo creen tener todo y al final no tienen nada..¡¡yo no sé¡¡.
Hace unos años, siendo jurado en un concurso nacional, junto a otros pares, nos inclinamos, entre libros editados, por una obra que nos retrotraía a los episodios de la dictadura militar en Chile. En su momento dije que era un texto como muchos otros en donde se narraban episodios que ya conocíamos. Sin embargo, al paso de la lectura me fui dando cuenta que Pascale Bonnefoy, una periodista nacida en Santiago de Chile en 1964, mostraba antecedentes nuevos de los sangrientos episodios que muchas personas, a veces, tienden olvidar.
Vemos la sangre, las torturas, la miseria a que nos trasladó esa cantidad de seres diabólicos que, lamentablemente, hoy por hoy, se han volcado a la política. Leemos, al mismo tiempo, el dinamismo y la valentía de algunos representantes de embajadas; hombres que se la jugaron por sacar al exilio a muchos presos en el Estadio Nacional.
Reincorporamos al entorno las manchas de sangre en las paredes, los gritos de torturas, las mujeres golpeadas y violadas por asesinos, todo el accionar que ahora ha sido tapado con pinturas de colores y limpiavientos.
Entiendo y estoy seguro que las almas de aquéllos que Bonnefoy cita, el sufrimiento latente, seguirán eternos en ese Estadio, al margen de los acontecimientos de ahora, de las celebraciones, recitales y eventos deportivos de trascendencia (in) nacional.
Las peripecias y valentías del embajador sueco Edelstam, que prácticamente tenía vuelto locos no sólo a los militares golpistas, sino también a sus cercanos, incluso, aun siendo su apoyo el Primer Ministro Olof Palme. Estamos hablando de un hombre con experiencia en la Segunda Guerra Mundial, donde también se las jugó y logró convencer a muchos fascistas.
Edelstam logró sacar al exilio a más de un centenar de presos de toda americalatina, chilenos, paraguayos, entre otros, muchos de ellos, incluso, ya han formado nuevas generaciones en el extranjero. Hombres que estaban al borde de ser fusilados, con la valentía de Edelstam, llegando al recinto con camionetas y furgones de la embajada, logró abrirse paso para parlamentar con los asesinos.
“Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!. Sigue latente este verso de Vallejo.
Sólo que la gente en este Chile tiende a olvidar. Es verdad, y lo dice la historia y los acontecimientos; el ciudadano chileno es acomodado. A la más mínima propuesta da vuelta la cara y se olvida de las tragedias anteriores. Esto mismo nos hace, de acuerdo a muchos estudiosos, ser un país que no mantiene raíces y se enamora de cualquiera sin estudiar su historia. ¿Se sabía quién era Augusto Pinochet cuando lo ascienden a Comandante en Jefe?. Estoy casi seguro que sí, pero los chilenos somos de esta forma, tendemos a pensar que fulano de tal cambiará de la noche a la mañana. No es así la vida. Los caminos me han enseñado (salvo honrosas excepciones)que quien es seguirá siendo el mismo de siempre.
Si bien Chile es un país polarizado en cuanto a preferencias (baste para esto observar la historia desde comienzos del siglo 20), es el momento que los ciudadanos (al margen de corrupciones aisladas en democracia), comiencen a pensar concretamente hacia dónde irán dirigidos sus votos.
“Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma.…”
Oliver Welden, estre 2010 ó 2011 lanzará por fin su libro “Oscura palabra”, textos poéticos que el año 2008 debieron haber circulado por el mundo. Su autor, en cambio,como uno de los grandes poetas chilenos,prefirió mantenerlo en corrección.
El libro en cuestión también tiene que ver con el Golpe de Estado en Chile. El autor poética y magistralmente expone lo que se vivió en esos días del 11 de Septiembre. Oliver Welden es un creador nato, a quien esperamos con los brazos abiertos, un talento que Chile requiere con urgencia.
Pues bien, este será un libro que iluminará estos años, para que ojalá este país cambie sus atrofias y logre pensar en positivo hasta alcanzar la cumbre de una nación próspera y de libertades verdaderas.

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