viernes, 20 de diciembre de 2013

CUANDO QUIEREN PISOTEAR LA HISTORIA: “ LA ESCUELA SANTA MARÍA DE IQUIQUE (LA DE LOS OBREROS MASACRADOS EN 1907) FUE DERRUMBADA”




Escribe carlos Amador Marchant

Cuando echan al suelo una construcción de época, que ha involucrado socialmente a muchas generaciones, es como que clavaran un cuchillo al estómago. En la ciudad de Iquique, la segunda más importante del norte desértico de Chile, están ocurriendo estas cosas. ¿Quién y cómo se toman estas determinaciones?. Nunca se logra saber. Lo concreto es que, sin duda, se mueven intereses económicos.
Quienes no lo saben, Iquique es un puerto enraizado y al mismo tiempo “corcheteado”, a la historia. El inminente auge de la producción salitrera en el siglo XIX, pasando por guerras externas e internas, más el desarrollo social que se gesta desde este lugar y que se expande luego al territorio nacional, dicen mucho de esto.
Estamos hablando, en consecuencia, de un territorio que exhala historia por sus cuatro costados y que, en forma certera, ha soportado también tragedias que la piedra, la misma piedra, se resiste a olvidar.
Hay mucho escrito sobre este territorio nortino, pero no lo suficiente. Hoy en día, en contraste, se habla más de las nuevas edificaciones, las que transforman al lugar en cosmopolita; pero no se dice lo que realmente representa esta tierra para el país, para el orbe.
Hablo de construcciones. Y al hablar de éstas, me refiero específicamente al edificio (ex) de la Escuela Domingo Santa María.
Junto a mí, cientos, miles  de seres, iniciaron desde 1961, sus estudios primarios. De éstos, por cierto, cantidades enormes de profesionales que se han destacado.
Al frente de esta escuela está el Mercado Municipal. Y en una esquina del establecimiento, un monolito recordatorio, miserable y olvidado en el tiempo, en honor a los miles de caídos en la Matanzade la Santa María.
Hubo muchos recuerdos en esas salas antiguas que bien pudieron transformarse en museo histórico.
Visité el lugar antes de ser derrumbado.
Fue en febrero de 2010. Había ideado ese viaje tras treinta años sin visitar el puerto natal. Y justamente la intención había sido fotografiar edificaciones de épocas, aquéllas que mantienen al hombre vivo. Sin embargo, a esta escuela, donde aprendí a leer y a escribir, donde en sus cimientos se mantendrá eterno el sufrimiento de pampinos acribillados en 1907 tras bajar cerros del desierto para pedir mejoras salariales, sólo pude verla por fuera; la tenían cerrada por peligro de derrumbe.
Antes de iniciar este viaje le había dicho a mi amigo (poeta chileno radicado en España) Oliver Welden, que a mi regreso escribiría un reportaje sobre sensaciones de retornar a los lugares de niñez (si es que regresaba vivo, por cierto). Y así lo hice. A dos días de mi regreso a Valparaíso, en el mismo mes de febrero de ese año lanzo el material en mi blog. No podía ser de otra forma: habían sido muchas las sensaciones y un deseo estrepitoso de reventar en llantos.
Mi hermana menor que aún radica en ese puerto, me había expresado casi con desesperación que sacara la mayor cantidad de fotos, por todos los costados, por murallas, por ventanales, porque era posible que ese lugar cayera pulverizado en cualquier momento. Y así fue.
Un año después se me comunica de la demolición de ese edificio.
De esta forma se fueron no sólo recuerdos de niñez, sino la historia plasmada en la pampa. Aquellas murallas habían sido levantadas en 1936, ocho años después de ser tragado por las llamas el original, construido en maderas nobles, en 1883. En el primero se refugiaron los obreros antes de ser masacrados. Pero la tierra, el espacio, es el mismo.
Se reclama por echar abajo construcciones antiguas no con el simple afán de recordar enfermizamente, sino porque el hombre debe aprender de su pasado. De lo contrario, entonces, podríamos cuestionar la importancia de la arqueología.
Pero acá hay un afán minoritario de hacer desaparecer la historia. Se trata de grupos con poder que accionan sin consultar instancias pertinentes. Cabe recordar a la dictadura militar en la década del 70 del siglo 20, cuando comenzó a incendiar todos los libros que hablaban de historia, porque en cada uno de éstos veían una supuesta peligrosidad que hiciera tambalear sus ideas fascistas. Tengo una breve anécdota: “En mil novecientos ochenta, en Arica, iba subiendo un cerro. No me percaté que estaban haciendo una redada. Tenían todo acordonado. En mi bolso llevaba diversos libros. Era mi costumbre llevar textos. Me revisaron de pie a cabeza. Luego abrieron mi bolso. Un teniente leyó los títulos de cinco libros, y le llamó la atención uno que decía: “Bodas de sangre”. No le interesó el autor, sólo la palabra: “sangre”. Me tuvieron detenido por varios minutos y no querían soltarme. Me pidieron, con dudas, explicara por qué andaba con un libro donde la palabra “sangre” era peligrosa, era confundida con extremismo.”
La Escuela Domingo Santa María, que fuera, antes de su destrucción visitada por millones de personas, hoy ya no se encuentra en esta tierra. La pulverizaron. Muchos años antes, en la década del 70 ocurrió algo similar con el Liceo de Hombres del puerto y con otras construcciones, sin tomar en cuenta la cantidad de viviendas de época del salitre que se han incendiado.
De acuerdo a las escasas informaciones aparecidas en prensa de la región, en el subsuelo de la escuela encontraron napas de agua dulce y arenilla. ¿Los cadáveres que aún se encuentran ahí, se resisten?. También, antes de anunciarse el proyecto de demolición para construir una nueva escuela, se produjo una serie de intercambios de palabras entre gente vinculada a la política. Por ahí alguien dijo (con descaro) que el sitio de los obreros masacrados en 1907, no estaba allí, sino “un poquito más allá”. En fin.
Imposible tapar la historia. Siempre queda. Cuando un monolito es sacado, a las semanas aparecen piedras en montículos, velas, flores. Así ocurre con el pueblo; no olvida.
En el reportaje de 2010 sobre mi retorno a Iquique tras treinta años de ausencia, nombré a todos los involucrados en la Matanza de la Santa María. No vale la pena volverlos a recordar, siempre estarán, siempre serán los culpables de un pedazo de nuestra historia patria.
Muchos se quedaron con el deseo de volver a palpar esas murallas. Las que estaban sobre esos cimientos de sangre por más de cien años.
En cambio, yo me quedé con una cantidad de fotos. Y éstas, seguirán estando en mis archivos eternos.


en  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entrega tu comentario con objetividad.

Sígueme en Google+ Badge

Google+ seguidores

ARCHIVOS MÁS VISITADOS (EN LA SEMANA)