lunes, 22 de diciembre de 2014

CUANDO CAEN CALENDARIOS:



En ocasiones no nos damos cuenta y escuchamos al (la) cantante de moda como si fuera ayer. Sentimos su voz y nos ilusionamos de la vida eterna deparada. Pero de un momento a otro, como hachazo, vemos la aparición repentina del artista de hoy. Comprendes el alejamiento de noticias, de contingencia, semejante a dejar escapar chorros de agua sin beberla. Algo así como sobrepasarse de horas siesta y perderse momentos álgidos de una ceremonia: abrazos, palabras, entrega de premios. Y luego encontrarte con la sala vacía, sin más ruido que platos sucios, revueltos, papeles de tu discurso botados, impregnados de vino tinto. Surge, entonces, el momento de exigir explicaciones, pero no encuentras a nadie. “La vida ha continuado, dices, mientras dormía”.
Entonces  te encuentras con el cantante de moda. Ves sus canas, la sobresaliente panza, las arrugas de la piel, los dientes desgastados. Sientes que muchos partieron producto del cáncer, la diabetes, el alcohol, las drogas y que, algunos terminaron sus días con dedos menos, piernas menos, lengua menos. Y recién te das cuenta, mientras investigas el grafitis de paredes, la urgente necesidad de echarle vistazo al calendario, a la antigüedad de tus zapatos, al vocablo desteñido y cursi. Y observas el listado de números telefónicos inservibles, mudos, despoblados, los mismos que llamabas ayer y que hoy no existen.

Escrito por Carlos Amador Marchant, en 22 de diciembre de 2014, Valparaíso.-

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