sábado, 21 de diciembre de 2013

HERMANN HESSE Y LA CASA ESTRECHA





Escribe Carlos Amador Marchant


El deseo de ser poeta a cualquier costo, de enredarse en sus propios instintos. Esta es ó puede ser, precisamente, la carrera de un artista.
Más allá de obras como “Demian”; Siddharta”; “El Lobo Estepario”, entre otras, Hermann Hesse, nos enrolla en pensamientos breves y sutiles, pero de una profundidad terrible, en sus notas denominadas “El Caminante”, que fueron escritas en una especie de abstinencia literaria (1918) y mientras se dedicaba a atender prisioneros en la primera guerra mundial.
Curiosamente me traspasa este escrito del Nobel suizo de ascendencia alemana, estos mínimos pensamientos que alzan y retratan la vida y la rebeldía ante ella, frente a los conceptos y a la imperfección del humano en estas contiendas.
Si bien Hesse vivió altibajos desde su niñez y pubertad, yéndose en contra de reglas establecidas, escapando de colegios y hasta llegando a depresiones que lo mantuvieron recluido brevemente en instituciones psiquiátricas, nada de esto tuvo una mayor explicación que sus ansias de ser como quiso ser: un pensador.
Y “El Caminante” es precisamente él, con su mirada profunda, con el devenir de horas y días, con la luz del sol y la oscuridad, con las contradicciones del espíritu. Es decir: Hesse.
Pero..¿Cómo es la vida de un ser humano, sino una circunvolución?. Y en este escrito Hesse sale de su casa y regresa a ella, luego de hacerse a los caminos más allá de Los Alpes, esta majestuosa cadena de montañas de la Europa Central.
Estas meditaciones en medio de su abstinencia en la escritura, lo sitúan, curiosamente entre las frases más hermosas que podamos leer de un pensador, insistiendo en las contradicciones que él mismo deposita en sus pensamientos: “El caminante es en muchos aspectos un hombre primitivo, del mismo modo que el nómada es más primitivo que el campesino”, dice él.
Y cuando el caminante va sorteando paisajes, lugares que a la distancia parecen libres, y que son de una misma madre, es decir, la Tierra, se van formando nuevos ideales que se agigantan no importa las épocas.
¿Qué son las fronteras, entonces?: “Son como cañones, como generales”; “No existe nada más odioso que las fronteras”, expresa Hesse.
Hermann Hesse, quien aparte de escritor y poeta fue pintor, va dibujando los paisajes en una libreta, los ríos, los caminos, las casas con los campesinos, los árboles milenarios.
¿Se ama realmente la tierra donde uno nace?. O mejor dicho: ¿Tenemos conciencia de lo que significa ser sedentario y no salir nunca más allá de lo que siempre conocimos?. ¿Qué es el amor?. La idea de Hesse no es dejar su corazón en un sitio, porque en su salida de las fronteras, de su terruño, está seguro que amará otros lugares, que se acercará a otros colores, a otros sabores. Entonces es crudo en decir, en interponer: “Soy amante de la infidelidad, del cambio, de la fantasía”. Y hasta le surgen dudas al respecto, nada en él, en esta etapa de su vida es real, quiere salir y lo hace: “Cuando nuestro amor se detiene y se convierte en fidelidad y virtud, me resulta sospechoso”.
Regresar a la vida de este autor, a la de antes de sus libros más famosos, a la de antes que se hiciera un tanto a la vida sedentaria, a la existencia de librero exitoso, al hombre que más tarde (1946) recibiera el Premio Nobel de Literatura, es fascinante.
Es la etapa de la juventud y la búsqueda, de los ímpetus, de las rebeldías de artista. Él quiere (quiso) estar solo: “Estoy solo, y la soledad no me hace sufrir. No puedo otra cosa. Estoy dispuesto a dejarme cocer por el sol. Siento avaricia de madurar. Estoy dispuesto a morir, dispuesto a nacer de nuevo. El mundo es más hermoso.”
Estamos ciertos que cuando salimos a recorrer lugares, son los árboles nuestros acompañantes más fieles, aquéllos que se encuentran en todos lados, exponiendo su vida, su sufrimiento. Hesse dijo que son los predicadores más eficaces y que cualquier campesino joven sabe que “la madera más dura y noble tiene los cercos más estrechos, que en lo alto de las montañas y en peligro constante crecen los troncos más fuertes, ejemplares e indestructibles”.
Pero todo lo antes expresado tiene que ver con la salida del terruño, con sacar a la luz los impulsos. Porque en el tema de las contradicciones humanas está también la vida: “No se puede ser vagabundo y artista al mismo tiempo…..si quieres embriaguez: ¡acepta también la resaca!. Si quieres sol y bellas fantasías, ¡acepta también la suciedad y el hastío!”.
Porque Hesse hace un mínimo relato y hermoso. Él es el caminante, es el artista y el ser humano. Este Nobel fallecido en 1962 a los 85 años, me retrata, nos retrata.
Porque al regresar lanza al aire el grito certero que todos los caminos conducen al hogar, y “cada paso es una muerte, cada tumba es una madre”.
Porque a fin de cuentas fue infeliz y feliz. Quiso tener una casa y la tuvo, quiso tener hijos y los tuvo…”Aunque la casa se me antojó estrecha….y la poesía me resultó sospechosa…”


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