lunes, 29 de septiembre de 2014

PELEA DE PERROS





Subiendo uno de los cerros del puerto me tocó ver una jauría. La escena observada por quienes transitábamos en el sector fue de pánico, producido, en este caso, por perros que trataban de matar a otro perro. Eran seis contra uno. El agredido no era pequeño. Y esto mismo, que también se ve en seres humanos, me trajo escalofrío. Como saco de papa, con ladridos ensordecedores, lo lanzaban de un lado a otro. Lo agarraban, arrastraban con colmillos filudos desde el estómago, mientras otros lo inmovilizaban cogiéndolo con sus hocicos por orejas. Es decir, el agredido estaba indefenso, porque lo mordían desde las patas, estómago y cabeza. Me dio la impresión que, por la violencia de los seis perros, le podían quedar pocos minutos de vida a la víctima. Fue ese el momento en que algunos transeúntes reaccionaron frente a la escena sangrienta. Si bien en esta situación los perros se dejan llevar por braveza perdiendo oído y visión guiándose sólo por la ira, la gente, palo en mano, buscó formas de salvar al agredido. Lo único que se logró en ese instante fue que los agresores soltaran al ensangrentado lanzándolo cerro abajo. Esa fue la oportunidad que aprovechó el canino para escapar con la cola escondida, sacando fuerzas de sobrevivencia, escapando de la muerte.
En diferentes crónicas y comentarios de mi autoría siempre he dicho que perros y gatos son de mi predilección. De igual forma, al paso de los años, y habiendo pasado una serie de negras situaciones con ellos, desde persecuciones hasta mofas, he dado vida a una serie de anecdotarios y cuentos inéditos con estos temas.
Los perros en calidad de calles también se organizan en grupos y hasta clanes. Los canes, por lo demás, tienen un especial hábito de la observancia. Te miran desde lejos, te ven pasar todos los días. Son sensibles y, por cierto, también usan los chip nefastos de los humanos, es decir, la envidia, los celos, la violencia desmedida.
Me atrevo a expresar que a este perro agredido lo venían observando desde mucho tiempo. Razones pueden haber muchas. Los perros se huelen para saber si pueden ser amigos o enemigos. Los perros sienten envidia y odio cuando ven que uno de ellos tiene más entrada o es más agradable con las perras. La ira la van acumulando y tienen una especial condición de comunicarse entre pares, entre amigos. Y pareciera que planifican la acción en lugar y hora señalada.
La persecución es perentoria. Y pobre del que cae en desgracia. Es posible que más tarde los seis agresores se transformen en diez. Es decir, si algún vecino, institución o grupo social no tienen la amabilidad de proteger y guardar (refugiar) al agredido, es probable que en cualquier momento lo cacen y su suerte no sea igual a la de ahora.


Escrito por Carlos Amador Marchant, lunes 29 de septiembre de 2014, en Valparaíso.

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