lunes, 30 de diciembre de 2013

¿Se repite “El Año de la Ira”?


Escribe Carlos Amador Marchant


Estoy abriendo la ventana de mi casa esta mañana, la estoy abriendo completa. Quiero ver un poco como llega la primavera en este Chile que quiere celebrar cosas y de tanto enmaraño parece no saber aún de caminos verdaderos.
Para no parecer pájaro de mal agüero quiero por lo menos explicar que el sol en este 6 de septiembre comienza a poblar los rincones del antejardín, el frío del puerto, el mismo que ha hecho estragos en todos los espacios nocturnos, el mismo que no dejó decir a bocajarro a muchos ancianos palabras vívidas, y que terminaron a fin de cuentas sin pasar el maléfico agosto, comienza a la mala, a la mala, a hacer abandono de nuestros rostros, de nuestros cerebros, y parece, ojalá, definitivamente.
Mi hermano no fue un escritor, y sin embargo siempre se mantuvo respetuoso de quienes tomaban o tomaron estos rumbos.
Sin serlo, lo recuerdo a las horas posteriores al golpe de estado de 1973, coger papeles y anotar con una lapicera color azul, todos los acontecimientos que le parecían relevantes en las calles, en lugares polvorientos de la lejana Arica. En menos de una semana ya tenía un cuaderno casi completo con anotaciones. No se le pasaban detalles de persecuciones, tanquetas en las calles, redadas sorpresivas, la cesantía imperante, las balaceras en las noches. En más de una ocasión debo haberle preguntado qué haría con esos escritos, y él, a sus 21 años, me decía que lo publicaría en algún momento. Al paso de los años nunca supe de éstos. Es posible que hayan quedado guardados en sus veladores antiguos, en aquellos muebles tímidos y viejos de nuestra juventud.
“El Año de la Ira” es todo esto y mucho más. Es precisamente lo que hizo un poeta sensitivo, el Jaime Quezada con su estilo tan personal, el poeta que optó por quedarse en las avenidas de Chile para sufrir y vivir el exilio interno, tan fuerte, tan peligroso y conmovedor como el otro.
Quezada expone y repasa situaciones, acontecimientos que tienen olor a haberse transcritos en este momento. Al leerlos, parece que estuviéramos viviendo cada espacio, cada centímetro aciago de esos temibles (terribles) momentos de la dictadura que aún siguen penando en nuestras arquitecturas.
Este libro publicado por Bravo y Allende Editores en el 2003, lo tuve en mis manos unos años después y ahora lo repaso, lo observo de nuevo, releo sus páginas como para decirle a los olvidadizos que los escritores están precisamente para esto, para mantener viva la memoria, para no dejar escapar al laberinto del olvido situaciones que siempre cobran actualidad.
El año 2006 recuerdo haber entregado un premio (de la memoria), otorgado por el Consejo de la Cultura, a Jaime Quezada. El galardón, por el cual di mi preferencia en obras inéditas fue el denominado “Bolaño antes de Bolaño”. La obra en sí, narra la estadía del autor en casa del desaparecido Roberto Bolaño en México. Lo interesante de ese escrito es que nos permitió conocer a un Bolaño antes de ser reconocida su escritura, retratándolo o mejor dicho desnudándolo de cuerpo entero, con sus virtudes y defectos.
En el estilo de Quezada , o mejor dicho en “El Año de la Ira”, veo a este poeta y narrador escribiendo sus notas mientras el tiempo transcurría por sus ropajes. Lo veo agazapado, no perdiéndose ni un minuto de su observancia. Otros poetas de su generación que habían ido al exilio lo contactan. Es el caso de Gonzalo Millán, también desaparecido, quien le envía cartas desde Costa Rica y más tarde de otros sitios del norte del continente.
Veo helicópteros en este libro, helicópteros azolando el cielo de Santiago, intimidando a los pobladores con sus potentes luces en la noche. Veo el miedo en los ojos de quienes transitan por las calles. Es increíble cómo anotaciones en papeles pueden formar todo un mundo que es más cercano que lejano. Observo, siento la muerte de Allende y más tarde la de Neruda, en estos escritos ejecutados en las mismas calles, a pasos de los protagonistas, casi como si el olor a todo lo pasado de nuevo entrara en mis narices.
Quezada es minucioso. Me pregunto si en ese momento de sus anotaciones pensó en la relevancia de estos datos que se olvidan con el tiempo. Pienso que sí, porque no lo hizo con visión de infra-historia, sino con la sensatez de quien sabe que en los detalles de hechos junto a su crueldad, está precisamente lo trascendente de una escritura.
Hay párrafos sacados de diarios de esos años, importantes anotaciones que no deben olvidarse. Aquí está la vida, los pasos de un poeta transitando por las calles de ese Chile atemorizado por los militares.
El buque escuela Esmeralda, por ejemplo, que sirvió como lugar de tortura de la dictadura, y que fuera (es) repudiada como embarcación manchada de sangre, conserva testimonios de la época. “El diario La Segunda publica una fotografía de niñas a medio vestir, fechada en San Francisco, Estados Unidos (Agencia UPI): “Las prostitutas del Estado de California acaban de celebrar su convención anual. En el acto inaugural se cantó el himno oficial: “Por amor y por dinero”. Y su presidenta ordenó a sus bases no atender a los marineros chilenos del buque-escuela Esmeralda (que se encuentra de visita aquí) en represalia a la Junta Militar que hay en Chile”…….”¡Dios mío, digo yo, ni las putas” (dice el autor).
Por su parte, el Ministro de Economía, Fernando Léniz, anuncia reajuste de precios en varios productos. Ejemplos: “Aceite comestible 1.140 escudos el litro (antes 600 escudos), alza de 90 por ciento. Leche líquida 120 escudos el litro (antes 60 escudos), o sea aumentó en 100 por ciento. Pan corriente 240 escudos el kilo (antes 134 escudos), o sea variación de 79 por ciento.
Los poetas en el exilio echan de menos a su país, lo recuerdan, quieren volver pero no pueden. Quezada es el nexo para informar y narrar de la barbarie interna: “Pensé que anoche, después de esa pira-acto de lesa quemazón, iba a dormir un poco más tranquilo, sin el desvelo de aquellos libros rodeándome la habitación de tortura y tormento. En verdad, yo he quemado esos libros. ¡Maldita mano temblorosa!, me digo. Soy mi inquisidor, mi índex, mi pecado. Mi conciencia, sin embargo, pareciera más tranquila. ¿Más tranquila?. Pero no, igual, peor. Culpa sobre culpa”.
Cientos de anotaciones, de testimonios del momento hacen “El Año de la Ira” de Jaime Quezada.
En estos momentos de 2010 comienzan a repetirse ciertos pasajes de la historia. Los gremios, los empleados públicos ven amenazados sus puestos de trabajo. Ad porta del 18 de Septiembre de nuevo salen a la calle para detener los despidos. ¿Cómo detendrán estas acciones si estos señores, si es que merecen llamarse señores, no hacen caso de nada?.
Este libro también rescata la repetición de la insensatez. “Pinochet anuncia que la restructuración administrativa se realizará “cueste lo que costare”. Y que “hay más de cien mil empleados demás en la administración pública del país. Muchos de los cuales ingresaron en el régimen de la UP. Esto Significa, y para las estadísticas nacionales, que habrá pronto en Chile 100 mil cesantes más. ¡Pobre, de pobreza total este Chile!”.
Los escritos de Quezada fueron realizados entre los años 1973 y 1974. Son cientos y cientos de anotaciones de real interés. En su colofón, Enrique Lihn dice: “Jaime Quezada, como poeta de ley, (y no felizmente como Hombre de Derecho) ha conseguido, durante el interminable día de hoy, saltarse el apagón y escribir para sí mismo, para los y sobre los demás, sin enredarse en las miserias del período”.
Este libro lo observo detenidamente, lo observo y lo palpo como si estuviera desgarrándome en esos días malditos. Y estrecho la mano de Jaime Quezada, y lo abrazo, por cierto, como lo hiciera el 2006 en Valparaíso.

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COMENTARIOS SELECTOS SOBRE MATERIAL DEL BLOG


Sobre Alicia Galaz Vivar y Oiver Welden:

"En su artículo de revista Trilce, Carlos Amador Marchant recuerda haberlos despedido el día de su partida. Escribe que si Alicia se hubiera quedado en Chile habría sido testigo incrédulo de la destrucción de toda iniciativa creativa".

Carlos Amador Marchant escribe blogs impresionantes.

Robert Cowser,

Profesor Emérito, Universidad de Tenesí (Estados Unidos).




Noviembre-Diciembre 2014.-





Carlos Amador Marchant es uno de los más importantes poetas de su generación. Su poesía refleja un tiempo histórico con hablantes desesperados que buscan una salida en diversos tipos de túneles, los del alma y aquellos que la historia tiene oculta en sus bibliotecas ancestrales, en lo más profundo de la memoria de nuestro pueblo.

Aristóteles España
Octubre de 2008
(sobre el libro "Hijo de Sastre")


Sobre ballenas y un libro:
"Estimado amigo Carlos Amador Marchant: agradezco emocionado la mención que haces de mi novela en tu bella y emocionante crónica. Un fuerte abrazo desde España".

Luis Sepúlveda (escritor)
24 de julio de 2010 15:03

Sobre ballenas y un libro: "Estimado Carlos: Gracias una vez más, por cierto, tu blog es uno de los pocos que merecen llamarse literarios. Es sencillamente muy bueno y tus crónicas son estupendas. ¿Las tienes reunidas en un libro de crónicas? Es un género que se pierde con el tiempo. Un fuerte abrazo desde Gijón, Asturias".

Luis Sepúlveda (escritor)
26-07-2010

Crónica "Dame de beber con tus zapatos". Luis Sepúlveda (escritor) dijo... Querido amigo, como siempre disfruto y me maravillo con tus crónicas. ¿Para cuando un libro? un abrazoLucho
(Gijón-España) 10 de julio de 2011 15:25

Sobre Ballenas y un libro: Fuertes imágenes de una historia y una matanza, y de un lugar, que sobrecogen. Con pocos elementos, pero muy contundentes, logras transmitir una sensación de horror y asco que no se olvidan. He estado en Quintay varias veces, y sé lo que se siente al recorrer las ruinas de la factoría; mientras uno se imagina los cientos de ballenas muertas infladas, flotando en la ensenada, en espera del momento de su descuartizamiento, antes de ser hervidas en calderos gigantescos e infernales, para extraer el aceite y el ámbar, tan apetecidos por la industria cosmética en el siglo XX , así como lo fue (el aceite) para el alumbrado callejero en el siglo XIX... Crónica muy bien lograda. Un abrazo.

Camilo Taufic
Santiago de Chile. 27-07-2010

Sobre "Los caballos y otros animales junto al hombre": Tus asnos, caballos, burros y vacas son otra cosa, por cierto, tan cercanos al hombre, tan del hombre. Te adjunto una vieja fotografía de dos palominos que tomé en las montañas de Apalachia, en Carolina del Norte, allá por el año 1983. Encuentro interesante y muy amena la manera en que hilvanas tus textos, siempre uniendo al tema alguna faceta literaria o cultural (en este caso, Delia del Carril, Virginia Vidal, Nemesio Antúnez, Santos Chavez). Hace tiempo te dije que no desistieras de tus crónicas, que van a quedar, y mis palabras fueron corroboradas recientemente por Lucho Sepúlveda cuando él te escribió a propósito de tu artículo Sobre ballenas y un libro: "Estimado Carlos: (...) Tu blog es uno de los pocos que merecen llamarse literarios. Es sencillamente muy bueno y tus crónicas son estupendas. ¿Las tienes reunida en un libro de crónicas? Es un género que se pierde con el tiempo. Un fuerte abrazo desde Gijón, Asturias. Lucho". Y eso digo yo también, que tus crónicas son estupendas. Te escribe desde Benalmádena, Málaga:

Oliver Welden (poeta)
21 de agosto de 2010


Sobre "El corcoveo de los apellidos..." ¡Notable, muy bueno! Escribir sobre la configuración de su nombre, con esa transparencia en el decir es algo que se agradece, precisamente en un pequeño universo donde lo que más pareciera importar es "el nombre". Además, esas referencias a los escritores nortinos siempre son bienvenidas, pareciera que no siempre ellas abundan en la crónica y crítica nacional.

Ernesto Guajardo
(Valparaíso-15 noviembre-2010)

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En torno a "La sombra de Adolfo Couve sobre Cartagena"

Gracias Carlos por el envío. Gesto muy noble recordarlo y dirigirnos a él, con su obra y vida... Adolfo no recibía el Amor, de cualquier manera hubiese sido feliz, era bello por dentro y por fuera... Su muerte me hirió mucho.

Saludos
Alicia Dauvin del Solar
(abril-9 de 2016)

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