martes, 17 de septiembre de 2019

EL SUEÑO DE VOLVER A TWAIN






escribe Carlos Amador Marchant

En más de una ocasión, cuando todas las cosas que pensaste no fueron bien pensadas, comienzan a entreverarse un sin fin de laberintos por donde quizás nunca anduviste. Es decir, surgen rostros que ya habías olvidado (tal vez), imágenes muertas que estaban depositadas en fosas comunes.
Lo primero o lo último que podrás decir es que la vida la hiciste mal. Pero: ¿qué es hacer bien o hacer mal la vida?.
Los enamorados se aman; luego vuelcan en repudio. La vida está hecha de blanco y negro. Esta dualidad pasea por nuestras solapas.
Nací en un lugar lejano de Europa, o tal vez de Asia, de América. No lo tengo claro. He preguntado qué es lo que el ser humano tiene claro. Termino respondiéndome que no sabemos mucho. Nos arrogamos, orgullosos, tener en nuestras manos adelantos que la tecnología nos ofrece para alcanzar el cielo. Parece, guardando proporciones, solo alcanzamos el techo de nuestras casas.
Me propuse, entonces, sacar el abrelatas depositado en un rincón del escritorio. Pretendo comenzar a abrir, paso a paso, mentes humanas. Pretendo indagar desde qué momento empezó el hombre a caminar, sin darse cuenta, sobre cambios interpuestos hasta transformarse en zombi.
La palabra “industria” hoy es léxico diario. Está en todos los campos de las artes y las no artes. Hay lucro gigante que se apodera de todo. Y esta “industria” manipula, soborna, establece criterios y normas.
Cuando a los diez años recibo mi primer regalo escolar tras excelentes calificaciones, un libro, el primer libro que cae a mis manos es “Las aventuras de Tom Sawyer”. Aquel obsequio entregado por profesores, mientras otros muchachos esperaban palitroques, trompos, juegos diversos, fue como luz en medio de una noche, con olores a chocolates, galletas. Por ese tiempo no sabía lo que significaba leer un libro; pero era, en cambio, experto en sensaciones. Mark Twain, tampoco me era conocido. Aquellas aventuras de Tom me significaron el pálpito de vida, el subterfugio para inventarme otra vez. Pero, por sobre todo, vi luz, sonidos, el aire que hoy casi no respiramos.
El escritor norteamericano, aquel Twain soñador (1835-1910) y quien hipotecó libertad de vida por seguir, por ejecutar proyectos, estuvo (está) al paso del tiempo, en un sitio privilegiado. La férrea mano, la “industria”, ha hecho, sin embargo, alejar de sensaciones. Aunque es preciso dejar establecido que esta expresión se aleja de amarguras y bravatas, aquel sentimiento perdido frente a miles y miles de textos editados por año, ha desvalorizado el entorno.
El sistema lo masifica todo. Las universidades, por ejemplo, entregan títulos al por mayor. Creo, al paso de muy poco, esos profesionales chocarán unos a otros en agria cesantía. En las artes las facilidades que da la tecnología, en el plano de edición de libros, propugna la propagación de malísimos exponentes. Hay otro asunto que se debe agregar: “cuando me aventuro por grandes centros comerciales, veo cantidades sorprendentes de textos, precios múltiples, temas diversos, carátulas elegantes. En computadores emergen páginas que acceden a la “industria” del libro. Podemos ver exposiciones al por mayor.” Y he aquí que me detengo a pensar: “es esto el fin del arte o es el comienzo del término de la civilización.” Entonces quiero responder, pero me quedo en silencio.
En redes sociales todos promocionan obras. Todos muestran libros. Otros requieren que les compren textos. Entonces recurren a auxilios que suenan muy mal. Se sacan fotos mostrando obra poética, novela, ensayo, en fin. Muchos alardean premios en certámenes de América, de Europa.
Debo aclarar que perdí ese ímpetu por editar. Se me fue, se me extravió aquella sensación tan exquisita; el olor a la tinta recién salida de imprenta. Y, aunque me he propuesto seguir escribiendo en silencio, en la más completa orfandad, sigo pensando en “buscarme, aunque sin encontrarme”.


septiembre 17 de 2019.-

1 comentario:

  1. Hermosa crónica. Me hiciste revivir parecidos sueños, sobre todo después de haber estado cerca de la casa de Mark Twain, hace tres años.
    Un abrazo.

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"El mundo que hicimos, el mundo que queda por hacer, no tienen el mismo valor o significado. Se hilvanan distintos ojos. Pero la vida es una sola, conocida o no, y la acción de amarnos con chip reales, tendrá que ser prioridad de los nuevos tiempos."

Carlos Amador Marchant.-

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Aunque radico en Valparaíso desde 1995, siempre recuerdo este muelle de Iquique, el muelle de mi niñez.

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