viernes, 21 de noviembre de 2014

PALABRAS POR LA MUERTE DE JÉSSICA




(Para mi fallecida hermana Jéssica Marchant Crespo)

La muerte viene siendo como ese golpe que da el jinete al caballo. “/ Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,/ la resaca de todo lo sufrido /se empozara en el alma... ¡Yo no sé!.../Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras “, nos decía el cholo Vallejo, desde sus “Heraldos negros”, desde su poesía profunda y mundanal.
La muerte ahora tiene apellido, se llama “cáncer”, y está a la vuelta de la esquina, acechando con sus brazos abiertos, esperando a sus víctimas como el monrero agazapado en lugares oscuros.
Lo concreto es que ella, la Jéssica, mi hermana, fue vencida por este demonio tras largos años de batallas. Desde uno de los senos hasta la extirpación, hasta el avance por el cuerpo, incendiando rincones como grandes ciudades. Finalmente, dejando su arquitectura física como estropajo. Fue el momento en que Jéssica voló hacia otras latitudes, llevándonos la delantera sobre esos misterios.
Esto fue el martes 18 de noviembre. En la mañana del miércoles, tras un aviso sorpresivo vía telefónica, estaba yo sobre una camilla próximo al quirófano. Por una protuberancia extraña en el lado izquierdo de la barbilla, iban a operarme en un día muy nublado. Negra y absurda coincidencia: muerte y operación.
Mientras me transportaban sobre la camilla en dirección a la sala de operaciones, Jéssica estaba conmigo y me miraba. Ella había muerto en la noche y a mí me conducían ahora por los pasillos, entre la mirada de quienes transitaban al interior del recinto. Estaba nervioso. La muerte de mi hermana pudo llegar en cualquier momento, pero nunca imaginé sería la misma noche en que me preparaban (me preparaba) para el quirófano de la mañana siguiente.
Hay una relación literaria con ella. Mi primer librito editado en imprenta de Santiago, en 1977, tiene una humilde carátula confeccionada por Jéssica. Es aquella bota sobre un pedazo de tierra que identificó al poemario “Pisando tierra”. Acababa de cumplir dieciocho años. Yo la pasaba por cuatro. En mil novecientos setenta y nueve, la ex Universidad del Norte de Arica, imprime la obra “Galpón de Redes Marinas”, que había logrado un premio a nivel de país, y ahí estuvo ella, junto a sus otras dos hermanas menores (Jacqueline y Jeannette), apoyando en la confección del libro. Hoja por hoja, nos desplazábamos por mesas en el subterráneo de esa Casa de Estudios Superiores, con el único fin de hacer elevar ese “Galpón” en una etapa dictatorial. Éramos jóvenes y el entorno requería de cierta unión para poder idear algunas fantasías que nos sacara del terror de la dictadura militar.
El paso del tiempo me hizo salir por diversas tierras del país. Y fui alejándome de mucha vida en familia. Sin embargo, como cuando un destino se planifica o está en nosotros, en los últimos meses hablamos por teléfono largas horas, recordando y aún aleteando planificaciones. No queríamos cortar. Entrábamos y salíamos de temas diversos.
Jéssica era una mujer pequeña. De ojos grandes y sonrisa que parecía escapar al momento de verte. Observadora y reflexiva. Gustaba de ideas nuevas y siempre estaba planificando y dejando labores. Nada de raro que antes de morir haya dejado algunas tareas por realizar.
Se nos fue una tarde de este mes de noviembre del 2014. Pero todos tenemos que irnos un día. Es decir, quien viene a esta vida debe asumir su muerte. En otras palabras, nacemos para morir. El tema es la muerte con sufrimiento físico. No hay vida cuando te acorralan los dolores del cuerpo. Mi hermana sufría y hoy descansa, porque era el momento de partir.
Ella encendió luces, golpeó puertas, la vieron caminar por algunos pasajes del lugar donde vivía. Es decir, se despidió de todos. Era la luz que comenzaba a apagarse.

Escrito Por Carlos Amador Marchant, el 21 de noviembre, en Valparaíso-Chile





   

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Sobre Alicia Galaz Vivar y Oiver Welden:

"En su artículo de revista Trilce, Carlos Amador Marchant recuerda haberlos despedido el día de su partida. Escribe que si Alicia se hubiera quedado en Chile habría sido testigo incrédulo de la destrucción de toda iniciativa creativa".

Carlos Amador Marchant escribe blogs impresionantes.

Robert Cowser,

Profesor Emérito, Universidad de Tenesí (Estados Unidos).




Noviembre-Diciembre 2014.-





Carlos Amador Marchant es uno de los más importantes poetas de su generación. Su poesía refleja un tiempo histórico con hablantes desesperados que buscan una salida en diversos tipos de túneles, los del alma y aquellos que la historia tiene oculta en sus bibliotecas ancestrales, en lo más profundo de la memoria de nuestro pueblo.

Aristóteles España
Octubre de 2008
(sobre el libro "Hijo de Sastre")


Sobre ballenas y un libro:
"Estimado amigo Carlos Amador Marchant: agradezco emocionado la mención que haces de mi novela en tu bella y emocionante crónica. Un fuerte abrazo desde España".

Luis Sepúlveda (escritor)
24 de julio de 2010 15:03

Sobre ballenas y un libro: "Estimado Carlos: Gracias una vez más, por cierto, tu blog es uno de los pocos que merecen llamarse literarios. Es sencillamente muy bueno y tus crónicas son estupendas. ¿Las tienes reunidas en un libro de crónicas? Es un género que se pierde con el tiempo. Un fuerte abrazo desde Gijón, Asturias".

Luis Sepúlveda (escritor)
26-07-2010

Crónica "Dame de beber con tus zapatos". Luis Sepúlveda (escritor) dijo... Querido amigo, como siempre disfruto y me maravillo con tus crónicas. ¿Para cuando un libro? un abrazoLucho
(Gijón-España) 10 de julio de 2011 15:25

Sobre Ballenas y un libro: Fuertes imágenes de una historia y una matanza, y de un lugar, que sobrecogen. Con pocos elementos, pero muy contundentes, logras transmitir una sensación de horror y asco que no se olvidan. He estado en Quintay varias veces, y sé lo que se siente al recorrer las ruinas de la factoría; mientras uno se imagina los cientos de ballenas muertas infladas, flotando en la ensenada, en espera del momento de su descuartizamiento, antes de ser hervidas en calderos gigantescos e infernales, para extraer el aceite y el ámbar, tan apetecidos por la industria cosmética en el siglo XX , así como lo fue (el aceite) para el alumbrado callejero en el siglo XIX... Crónica muy bien lograda. Un abrazo.

Camilo Taufic
Santiago de Chile. 27-07-2010

Sobre "Los caballos y otros animales junto al hombre": Tus asnos, caballos, burros y vacas son otra cosa, por cierto, tan cercanos al hombre, tan del hombre. Te adjunto una vieja fotografía de dos palominos que tomé en las montañas de Apalachia, en Carolina del Norte, allá por el año 1983. Encuentro interesante y muy amena la manera en que hilvanas tus textos, siempre uniendo al tema alguna faceta literaria o cultural (en este caso, Delia del Carril, Virginia Vidal, Nemesio Antúnez, Santos Chavez). Hace tiempo te dije que no desistieras de tus crónicas, que van a quedar, y mis palabras fueron corroboradas recientemente por Lucho Sepúlveda cuando él te escribió a propósito de tu artículo Sobre ballenas y un libro: "Estimado Carlos: (...) Tu blog es uno de los pocos que merecen llamarse literarios. Es sencillamente muy bueno y tus crónicas son estupendas. ¿Las tienes reunida en un libro de crónicas? Es un género que se pierde con el tiempo. Un fuerte abrazo desde Gijón, Asturias. Lucho". Y eso digo yo también, que tus crónicas son estupendas. Te escribe desde Benalmádena, Málaga:

Oliver Welden (poeta)
21 de agosto de 2010


Sobre "El corcoveo de los apellidos..." ¡Notable, muy bueno! Escribir sobre la configuración de su nombre, con esa transparencia en el decir es algo que se agradece, precisamente en un pequeño universo donde lo que más pareciera importar es "el nombre". Además, esas referencias a los escritores nortinos siempre son bienvenidas, pareciera que no siempre ellas abundan en la crónica y crítica nacional.

Ernesto Guajardo
(Valparaíso-15 noviembre-2010)

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En torno a "La sombra de Adolfo Couve sobre Cartagena"

Gracias Carlos por el envío. Gesto muy noble recordarlo y dirigirnos a él, con su obra y vida... Adolfo no recibía el Amor, de cualquier manera hubiese sido feliz, era bello por dentro y por fuera... Su muerte me hirió mucho.

Saludos
Alicia Dauvin del Solar
(abril-9 de 2016)

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