jueves, 27 de noviembre de 2014

YA PARECE GIGANTISMO






Me sorprendo en los trenes, en buses, en colectivos, ver a tanta gente joven mostrar la nueva estatura del chileno. No es que tenga algo en contra de los grandotes, ni siquiera un complejo, ni menos un odio. Pero convengamos que en el siglo recién pasado la estatura media del ciudadano que correteaba por esta larga y angosta faja de tierra, no era más allá del metro sesenta y cinco. Frente a esta visión, las construcciones y sus interiores fueron diseñadas para albergar a este ciudadano. Sin embargo, ahora, con cierta sorpresa, con cierto espanto, observo ingresar en tranvías y buses a jovencitos que parecen de otros planetas. Hasta tienen que doblarse para poder no tocar el techo del armatoste. ¿Alimentación?. ¿Genes?. Porque sabido es que muchos (as) para no seguir con la racha de “ser chico (ca)” terminaron casándose con personas de mucha mayor estatura, de tal forma de  “corregir la raza”, según esgrimían. Sean cual sean los motivos, termino pensando que esto se está transformando en una exageración. Ser grande ¿para qué?, para poder protegerse de los matones, para dejar de parecer un “vale nada insignificante”. Para encontrar pegas mejor remuneradas (porque los altos parecieran ser más considerados). Absurdeces. Nada de lo señalado tiene que ver con la estatura del individuo. Es más importante lo que se lleva en la mente: la inteligencia, la astucia.
Curiosamente hay quienes sienten vergüenza de ser o saberse pequeños. Hasta se rehúsan pasar por una calle frente a ellos. Apenas ven a un gigantón lo eluden, arrancan. Se trata de un complejo redivivo. Charles Aznavour (lo recuerdo), quien ya bordea los 90 años, en la década del 60, al visitar Chile, dio pauta de una personalidad sobresaliente: “pasó frente a un hombre que lo doblaba en porte sin ningún complejo, sonriente”. Este hecho fue alabado.
Lo concreto es que siempre han existido seres más altos que otros, pero lo que vemos ahora en las calles de cualquier ciudad de Chile, entra en el asombro. Son gigantes que se desplazan a pasos acelerados. Pero, ¿para qué?. ¿Para gastar más tela en sus vestuarios?. ¿más madero en el momento final?......(Carlos Amador Marchant)


*el comentario en cuestión está hecho sólo como observación callejera, sin buscar, siquiera, ofender a nadie*


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