martes, 17 de diciembre de 2013

Alimento del día





ALIMENTO DEL DÍA.
Escribe Carlos Amador Marchant

Sorprenden las cosas que se hacen en el tiempo. La audacia, por último, de los instantes difíciles en Chile. Me pregunto si lo que se hizo hace unas décadas lo haría de nuevo. Y la respuesta es NO. Por varias razones, claro, y la principal, por cierto, es el avance de los años y los años en el cuerpo.
Parece que fuera a la vuelta de esquina y no es así. Por 1982, época en que editaba la revista “Extramuros”, se me ocurre escribir un artículo sobre Pablo de Rokha. Quería demostrar en ese momento que al viejo poeta se le estaba dejando en silencio por mucho tiempo, que era preciso decir algo sobre él, aunque sea arrinconado en unas de las hojas de la publicación. No fueron más de dos carillas que dediqué al hombre de Licantén, a este Carlos Díaz Loyola que nos dejó un día del año 1968, a punta de un balazo, cuando tenía 74 años de vida.
Me interesaba rescatar al poeta, que por aquel entonces, el entonces de la dictadura, lo mantenían en el subterráneo como muchos otros.
La vida de De Rokha fue dura como su seudónimo. Ya a los cinco años acompañaba a su padre, por aquel momento Jefe de resguardo de aduanas cordilleranas, por distintos caminos, escarpados sitios, ásperos vientos, nieve, además montando duros caballos y conociendo día a día a hombres extremadamente hostiles: “Andando, platicando, llorando por la tierra por los caminos/varios, se me caen los gestos de los bolsillos”.
Todo trágico en los caminos de este hombre, de este gigantón. Cuando se casa en 1916 con Luisa Anderson, que después adopta el seudónimo de Winett de Rokha, nunca pensó que iban a tener ocho hijos y que, al mismo tiempo, todos serían artistas, dos de ellos fallecidos en la miseria.
Cuando muere Winett en 1951, este hombre acostumbrado a amar los buenos alimentos y la vida misma, se transforma en un viudo desconsolado.
Premio Nacional de Literatura entregado tardíamente, en 1965 (antes había recibido el Premio Nacional del Pueblo, en 1963), es decir, tres años antes que se suicidara.
Todo trágico en los caminos de este poeta, cuya obra comienza con una fuerte influencia de los poetas malditos Rimbaud, Baudelaire, Tristán Corbiére, Leatreamont, Verlaine, y que más tarde daría paso a una línea dialéctica de firme concepción materialista donde emergen Whitman y Rabelais, dando pautas para una corriente renovadora y realista.
Pero todo trágico en este hombre. Sufrió la censura por escribir poesía desde niño, fue expulsado del seminario por hereje y por leer a Nietzche. Se le marginó, las editoras le cerraron las puertas, cuando publicó los “Gemidos” en 1922 sólo vendió 10 ejemplares, jamás se le otorgó un cargo público, se lo expulsó del Partido Comunista, en fin.
Pero vendió muchos libros autoeditados en los campos de Chile. Recorría largos tramos hasta llegar con dinero a la casa. Vendía de cara a cara, conversaba con la gente, con los campesinos, con alcaldes, con carabineros, les vendía libros a los vecinos.
Lo cierto es que un día del 82 escribo una crónica sobre él y me fui al Gran Santiago con la mercadería. Yo tenía 27 años, y muchas ganas de hacer cosas en esos tiempos difíciles de la dictadura. Por eso no se me ocurre nada mejor, en un momento como muchos otros en que faltaba el pan para llenar el estómago, que trasladarme hasta el Barrio Bellavista, por aquel entonces con muchos rostros fundacionales que aplaudían a los que se arriesgaban a mostrar poesía en las calles. Y claro, me fui visitando a varios artistas establecidos con sus talleres, artistas plásticos, escultores, ceramistas. Era una mercadería necesaria, muchos querían escuchar algo de De Rokha. Y yo se las di, inocentemente, envasada en ese Extramuros de los 80 que buscaba abrirse caminos. Con muchas monedas en los bolsillos, ya al oscurecer, agradecí a quienes habían adquirido esos ejemplares.
Por supuesto miré al cielo, ese cielo oscuro de esos tiempos, y me salieron espontáneas las palabras: “¡Gracias De Rokha, por haberme permitido alimentar por un día más¡”, grité, mientras corría, apresurado.

en 


COMENTARIOS:

Alicia Mondaca Rivera dijo...
Pablo de Rokha, no puede quedar en el olvido, es de nuestros grandes poetas.

Alicia Mondaca Rivera
Orlando Cid dijo...
EL GRAN PROBLEMA DE DOS GRANDES FUE LA RIVALIDAD QUE SE TUVIERON LOS DOS PABLOS NUESTROS Y GANO NERUDA

Orlando Cid

 

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