sábado, 3 de junio de 2017

PERRO MUNDO O MUNDO DE PERRO


Escribe Carlos Amador Marchant

A menudo recurro a historias de perros para profundizar algunas reflexiones. Pero al mismo tiempo lo hago pensando en que este animal está situado como uno de los más dignos amigos del hombre. Los perros, por cierto, se domestican y pasan a ser la cabeza visible de una casa. Pero hay que cuidarlos, asearlos, alimentarlos.
En ciudades pobres, en puertos y caletas abundan estas especies. Es decir, quienes menos recursos poseen son los que más se atreven a dar cobija a los perros. Pero hay, insisto, que alimentarlos. Y aquí está el fracaso.
En el puerto de Valparaíso se escuchan ladridos de mañana a noche. También en la madrugada. Pero hay otro problema: este es el puerto de los fecales. Es decir, quien camina pensando en ultratumbas y en la llegada de ovnis sin mirar hacia el suelo, está, simplemente, condenado a transportar fetidez en los zapatos por largo tiempo. He visto mujeres desesperadas sacarse zapatos en calles para poder eliminar la caca perruna esparcida en suelas. En otras ocasiones podemos observar a hombres que pisan caca y se suben a microbuses, a trenes, sin haberse percatado. Entonces miran al del lado y hasta se cambian de asiento convencidos del desaseo de aquel pasajero miserable. Una vez que vuelven a casa y se percatan que son ellos quienes habían transportado tal hediondez, entre ira y pudor, pasan tardes enteras tratando de limpiarse y hasta descontaminarse.
Culpables, en todo caso, no han de ser los caninos. La expresión “perros vagos”, debe ser cambiada por “perros abandonados”. Las malas prácticas del abandono están estrechamente ligadas a la gran población perruna desplazada por avenidas y calles. En este hábitat aquellos seres peludos se acostumbran al rigor de cada segundo. Luchan por alimentarse de lo que encuentren y, en esta acción, rompen bolsas de basuras, esperan sentados a la salida de restaurantes, o bien se protegen en plazoletas donde sólo se refugian ebrios de la noche.
Para explicarnos el desolador panorama de mañanas en el centro de la ciudad, hay que saber qué hacen por las noches, dónde se desenvuelven, qué ven, considerando, por cierto, a un Valparaíso-puerto de extrema bohemia. Lo cierto es que la escena matinal nos muestra el caos nocturno donde, unido a la gran cantidad de basura tirada en el suelo, los perros se arrinconan en cualquier muro fabricando camas con pedazos de cartón y papeles. Me ha tocado en varias ocasiones observar a indigentes durmiendo a la intemperie, sobre colchones tirados en cualquier lugar de la calle, y rodeado de perros. Es decir, los canes tienen un radio de amistad con ellos y un cuanto hay de seres desenvueltos en medio de la oscuridad del puerto. Conmueve, además, la escena bajo la lluvia mojados hasta los huesos.
Si bien sabemos que urge una ley a favor de los perros, hay varias cosas que me sorprenden de estos seres de cuatro patas. La primera tiene que ver con el reconocimiento del semáforo. Ellos se paran en una esquina y esperan el cruce de la gente para pasar al otro extremo de una avenida con gran afluencia vehicular. Por otra parte se dejan acariciar con gran soltura especialmente por la juventud. Entre tantas y tantas cosas que me llaman la atención, hay una que me sorprende: en Valparaíso le ladran a Carabineros de a pie o en moto”. ¿Es igual en otros lugares de Chile? ¿Cuál es el motivo?. Estamos hablando de seres con una intuición muy desarrollada. Hace varios años ellos le ladraban con fuerza a ancianos que pasaban saco al hombro y caminar misterioso. También lo hacen con algunos vehículos particulares a quienes, incluso, persiguen. Es probable hayan visto atropellos y les quedó este repudio.
En la cordillera de la Décima Región de Chile, un perro diminuto me persiguió varias calles de un pueblo hasta saltar y morderme en un hombro. El incidente tuvo que ver con la relación que vio el animal con mi perro de época, can bastante rebelde y molestoso, quien se había ganado el odio de mucha gente del villorrio, incluso de sus pares.
Frente a este panorama podemos decir que los perros son de mente fija y no olvidan fácilmente algún episodio de vida. Entonces: ¿por qué ladran a los carabineros? ¿habrán visto muchas represiones nocturnas? ¿habrán visto violencia por parte de ellos?. Creo que mucho de esto hay.
A fin de cuentas los perros son animales buenos y soñadores. Humildes y cariñosos cuando se lo proponen. Tercos, cuando el tiempo amerita ser tercos. Y que a la larga merecen, obviamente, una pronta ley de protección.



Escrito por Carlos Amador Marchant, en 3 de junio de 2017. (Valparaíso)

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