domingo, 30 de octubre de 2016

EL HOMBRE QUE FUE ENCONTRADO MUERTO EN EL DESIERTO A LOS 101 AÑOS




escribe Carlos Amador Marchant

Comencé de repente a recordar aquel episodio de quien se extravió en el desierto al interior de Antofagasta, y cuyos restos encontrados por algún desconocido que deambulaba en la pampa, fueron nada menos que 43 años después del suceso. Todo esto, desde 1999, momento en que hallaron las osamentas, siempre me ha dejado un sabor muy amargo, por decir lo menos.
Este amargo sabor tiene que ver con la suerte que corrió Julio Riquelme Ramírez, nombre del desaparecido por más de cuatro décadas y que, al momento de ser encontrado, conservaba todos sus documentos y otras pertenencias, intactos.
El longino, es decir, el Longitudinal Norte, era el tren que iniciaba su travesía desde Iquique, subiendo esa descomunal montaña de la Cordillera de la Costa hasta internarse por el inclemente desierto de Atacama, el desierto más desierto del mundo, donde nada vive, donde el silencio es sólo propiedad del silencio. Este mismo longino que había comenzado su accionar en la década del 50 del siglo 20, culmina su tránsito por la pampa en 1975, por decisión de la dictadura militar chilena.
Desde el año 1999 se habló mucho de este caso, y también se especuló bastante. Riquelme Ramírez, el hombre que venía de Chillán a encontrarse en Iquique con sus hijos y nietos, además de su ex esposa, de quien se había separado veinte años antes del suceso, se embarcó desde La Calera en este longino.
Esta crónica no pretende repetir lo que se investigó en la época, pero es interesante traer al presente algunos episodios que desembocarían en el libro del periodista Francisco Mouat, denominado “El empampado Riquelme”. Convengamos, en todo caso, que lo apasionante de este hecho es la forma de la desaparición y que no hace otra cosa que engrosar ese misticismo que nos entregó en sus obras (sobre el desierto), nuestro Mario Bahamonde, a quien tuve la ocasión de conocer en 1979, a meses de morir, en Antofagasta.

Los escritores chilenos Bahamonde, Sabella y Hernán Rivera Letelier, son quienes más se han empapado con el sabor de la piedra y la tierra, y toda historia siempre estará en las solapas de los recién nombrados. Es decir, ellos son el desierto. Tienen timbre.
Veo a Julio Riquelme Ramírez, caminar por la arena, por la tierra seca, lo veo chocar con las piedras, lo veo, lo siento, hablar solo, con las estrellas de esa noche, tal vez la última de su vida, las únicas estrellas vistas tan cerca en la constelación. Y él está ahí, pensando en ese encuentro con Iquique, pensando en quienes lo esperaban en la estación de Iquique.

Mi pregunta es cómo Riquelme Ramírez pudo haberse bajado del tren sin poder alcanzarlo. Cabe hacer notar que el longino era un medio de transporte extremadamente lento. El viaje desde La Calera hasta Iquique demoraba entre tres a cuatro días. Las especulaciones hablan de distintas cosas. Por un lado se dijo que el hombre bajó a tomar un poco de aire, que salió a vomitar, a orinar, que quiso internarse un poco en el desierto sin percatarse de su alejamiento. También se dice que el encuentro con los suyos en Iquique le provocó una especie de tensión que desembocó en depresión, es decir, pudo haberse lanzado por la ventana del tren en un intento de suicidio, que cayó de cabeza, que perdió el conocimiento y luego se encontró con el desierto, el fuego, el infierno. Lo cierto es que sólo él sabe cómo y por qué murió en tan lamentables circunstancias.
Quien lo encontró y llevó sus pertenencias al aeropuerto de Antofagasta en calidad de fantasma dejando éstas en un gran sobre, señaló (en un papel escrito en inglés) que el cuerpo, que el esqueleto, había sido encontrado cara al sol: ¿se entregó a la muerte en un acto de representación y dolor?.

En la novela de Hernán Rivera Letelier “Los trenes se van al purgatorio” me parece ver a este hombre extraviado dentro del vagón: “La locomotora avanza humeante, férrea, fragorosa, por el desierto más triste del mundo. Piedra a piedra, cerro a cerro, quebrada a quebrada, bufando como una mula sedienta, avanza negra la locomotora.”
Lo cierto es que nunca sabremos los motivos por el cual este funcionario del Banco del Estado y venido de Chillan apareció muerto, calcinado en el desierto de Atacama.
En mis diversos reportajes realizados en las zonas de Arica e Iquique en la década del 90, me tocó en varias oportunidades internarme por el desierto. Varios de los choferes que me transportaban mostraron montañas, pequeños montículos con señales demoníacas. Frente a esas señales cualquier persona entra en pánico y lo único que desea es salir del sitio. El desierto tiene ese elemento, hay un acercamiento vivo con los malos espíritus: ¿tienen que ver los minerales en estas geografías, o son creencias milenarias?.
Sin pretender asustar a nadie entro en la reflexión si algo de esto hay en la misteriosa desaparición de Julio Riquelme Ramírez, quien no pudo concretar su cometido de reencontrarse con su familia, y quien, además, tuvo “la fuerza” de pedir ser encontrado en medio de la nada. Dicen que cuando levantaron el cuerpo éste se deshizo transformándose en polvo. Pero todos los documentos con su identificación estaban intactos.
Su hijo Ernesto Riquelme Chávez, en entrevista en el año 1999, señaló que su padre en el momento de morir en el desierto tenía 58 años. Si sumamos a esta cifra los 43 que pasaron hasta ser encontrado, llegamos a la suma de 101 años. Es decir, a esa edad fue hallado, recién, Julio Riquelme Ramírez.
¿Y para qué?. ¿Era necesario que se supiera que él no había desistido de ir a Iquique a reencontrarse con su familia?. ¿O fue detenido en su intento de viajar a ese puerto por un mandato más allá de lo normal y que ninguno de nosotros podrá descifrar?.


escrito en 30 de octubre de 2016-Valparaíso.-


3 comentarios:

  1. Excelente. Preguntas sin respuestas que hieren en una historia real, dramática, apasionante pero por sobretodo triste. Un placer leerte Carlos Amador Marchant. Muchas gracias por haberme tomado en cuenta.

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  2. Excelente crónica, compañero. Fluye y cala hondo la historia.
    Felicitaciones.

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  3. Me pareció muy interesante tu escrito EL HOMBRE QUE FUE ENCONTRADO MUERTO EN EL DESIERTO A LOS 101 AÑOS. Fluído y lleno de una riqueza espectral literaria que solo un poeta puede lograr. Gracias por compartir poeta Marchant. Exitos.

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