lunes, 20 de marzo de 2017

EL AGUA QUE NO BEBEREMOS






No cabe la menor duda que el tema del agua debe asumir la batuta este nuevo siglo. El ser humano, a través de la sobre explotación del planeta, generó la situación actual. Esta afirmación requiere, por cierto, de análisis estructural-histórico. Pero esto hay que decirlo con palabras claras, francas. No está de más recordar a Neruda, cuando señalaba con énfasis: ...”...no sé quién eres, pero una cosa te pido, no te vendas”..Esto al referirse al “aire” en su poema homónimo. Y después remata: “ya vendrá un día en que libertaremos la luz y el agua, la tierra, el hombre, y todo para todos será como tú eres”.
Lo cierto es que así como han avanzado los hechos, el asunto de abastecer de agua a la población mundial se hace más complicado. La pregunta que surge en el momento es cómo se podrá sostener a una población planetaria que supera los 7.500 millones de habitantes. Este crecimiento desbordante se puede observar desde el primer año de la era cristiana donde se contabilizaban 200 millones. Mucho más tarde, en 1800, esta cantidad de seres aumenta a mil millones. Y desde ahí, hasta nuestros días, la exorbitante cifra se agiganta a 7.500 millones de diminutos pero grandes habitantes sobre el planeta.
Frente a este panorama se suma el tema del desorden, donde lo que más se ausenta son las políticas de franco resguardo al globo terráqueo. El agua es administrada por privados. Lo que en algún momento se habló a nivel de naciones del mundo en torno a la equidad en el uso del recurso no se ha respetado. Parece que fuera de horro pesimismo y hasta alarmismo hablar de estos temas. El que lo hace pasa como “amargado y alharaquiento”. Lo cierto es que es a la inversa.
A diario vemos grandes lagos contaminados, ríos, océano, tierra. Cuando Neruda habla de “Libertar a la tierra”, nos ponemos a pensar en qué quedará para libertar: ¿escombros?. Hay tierra muerta por sobre explotación y otra por contaminación. Las dos muertes son penosas.
Y el agua está al medio, y es apretujada, y destruida.

Escrito por Carlos Amador Marchant, en 20 de marzo de 2017 (Valparaíso)


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