martes, 1 de noviembre de 2016

ANÉCDOTAS EN EL MOMENTO DE ENVIAR MIS CRÓNICAS “A DOMICILIO”


Comienzo a repasar contactos para enviar textos por aquel conducto al que llamo " a domicilio", es decir, de email a email. En esta gran cantidad de correos me tomo la molestia de ir revisando uno a uno los contactos, de tal forma de observar los que irán bien dirigidos y aquéllos que se perderán en el silencio absoluto. Esta observación tiene, a la vez, la misión de no despertar a aquel siniestro camuflado que se inserta dentro de la multitud sólo para dañar buenas cosechas. En otras palabras “fruta podrida” escondida en algún cajón sin que nos percatemos.
En envíos de crónicas “a domicilio” de varios años atrás, me han ocurrido tan sólo dos chascarros. El primero tiene relación con un señor español a quien no conocí y al que, por ignorancia de época, hice llegar uno de mis escritos sin correo oculto. Es decir, le llegó un planchazo de contactos visibles que no logró aguantar gritándome en palabras escritas: ¡esto es una falta de respeto!. Y me borró de sus contactos. Entendí de inmediato que el hombre tuvo razón en su accionar. Nunca más incurrí en dicho error. El segundo, me dejó pensando buen tiempo. Digo esto porque jamás, a lo largo de mi existencia, si bien cometiendo muchos errores de rumbos mal tomados, ha sido mi voluntad ser un hombre de lo que en Chile se llama “mala leche”. El tipo, a quien tampoco conocí ni menos recuerdo ni siquiera en sueños regresivos, al llegarle una de mis crónicas respondió insultando con el siguiente tenor: “no me mandes más tus escritos, los aborrezco, déjate de lesear, nunca más serás famoso. Tu oportunidad ya pasó”. No le contesté y opté por borrarlo de mis contactos. El hombre era de la zona norte de Chile. Se trataba, entonces, como dije al comienzo, de un ser “siniestro camuflado, inserto dentro de la multitud sólo para dañar imagen”. No es mi estilo.
También, al enviar correos electrónicos con mis obras, logro percatarme de una gran cantidad, al paso del tiempo, de personas que han dejado de existir. A ninguno de ellos los he borrado porque al hacerlo siento que los voy a matar por segunda vez. Al verlos paso de largo, los salto, no los toco, trato de no hacerlos participar. Ojo, “no hacerlos participar” porque es feo y porque no se puede. No como esos padrones de partidos políticos donde los muertos, votan. (carlos amador marchant)


Escrito por Carlos Amador Marchant en 1 de noviembre de 2016-Valparaíso.

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