domingo, 5 de febrero de 2017

ENTRE IDIOTEZ E HIPOCRESÍA




Escribe Carlos Amador Marchant


Lo conocí. Trato de no recordar su nombre. El mundo está transformado. El mundo es un engaño.
Pasaron muchos años y siguió sentado en la misma silla que identifiqué en esas largas y penosas caminatas por el desierto de Chile. Fueron pasando lustros, décadas, y siempre le quedó un ceño extraño; ceño, por lo demás, poco atractivo para mi gusto.
Si bien era hombre de optimismo y picardía, escondía algo negro, traducido entre idiotez e hipocresía.
En su despacho de trabajo, donde refugiaba innumerables letreros y carteles de publicidad, réplicas de Picasso, Van Gogh, Guayasamín, entreverados con colgajos publicitarios de tiendas de ropa íntima, almacenes, zapaterías, heladerías, nunca hubo silencio.
Aquel hombre de apellido italiano y quien no sobrepasaba los treinta y cinco años, era visitado por incontables poetas de la zona. Aquellos seres pobres, ilusionados, portadores de creencias y arregladores del mundo, veían en él a un compañero de ésos que llevan bien puesta aquella muletilla que hoy por hoy fastidia.
A zutano no le faltaba clientela en ese espacio que, con tantos cachivaches, se perdía hasta su propia imagen.
Esos eran tiempos en que libros caían a mis manos para ser devorados como rapaz. Y los poetas malditos franceses, y los poetas rusos, y los latinoamericanos, se encuclillaban agradecidos.
En la primera mitad de la década del 80 aquellos letreros que trabajaba el descendiente de italiano eran de telas y maderos. Se pintaban hasta altas horas de la noche y los talleres olían a pintura y líquidos tóxicos.
En ese escenario se desplazaban muchos poetas abatidos por un continente donde los dictadores hacían nata. Y llegaban a desahogar penas, calvarios, a sentirse un poco cobijados por ese descendiente de europeo que todo lo escuchaba, que todo lo reía, que todo lo apoyaba.
Requerían de cervezas y ahí estaba la cerveza. Requerían de algún pan y ahí estaba el pan.
Y el hombre reía y hacía reír; y saltaba y, sin embargo, jamás pudo hacer saltar a los poetas. Y arengaba: “¡Poetas míos, por fin han llegado a mi escondite. Acá encontrarán lo que han estado buscando por largas calles. Acá encontrarán calor, encontrarán charlas, hallarán risas, porque ustedes deben divertirse, deben dejar de ser tristes. Poetas míos, han llegado a la casa de su amigo !”. Y lo hacía con socaliña, con cierta cadencia que buscaba que aquellos nóveles escritores sucumbieran.
Departían durante la tarde y la cerveza abundaba, el cigarrillo jamás se ausentaba. Eran tardes cálidas, extremadamente cálidas en ese desierto de la primera región de Chile que, lamentablemente, asfixiaba.
En esos rincones se hablaba de todo. Se hablaba de la pérdida de valores, de la sociedad que ya no era sociedad, que naufragaba entre árboles caídos, entre árboles secos.
Y los poetas eufóricos hablaban y hablaban; trataban de arreglar el mundo. Y el descendiente de italiano, el de treinta y cinco años, les daba soluciones, les buscaba soluciones, y los poetas asentían.
Cuando el sol comenzaba a esconderse y el aire entraba por la puerta del local de publicidad, los jóvenes ofrecían sus libros al fulano de los lienzos que olían a tóxicos. Y él les compraba, y él pedía fuesen dedicados. Los muchachos salían eufóricos del sitio y el hombre gritaba: ¡leeré los libros, hermanos!...¡Los difundiré, hermanos!
Entonces el canalla cerraba su puerta e ingresaba al taller de afiches, buscaba el gran tacho de basura arrinconado junto a tablas y telas, y lanzaba, con furia, los textos a su interior: “Todas estas huevadas son basuras”, manifestaba escupiendo.
Y luego se hacía a la calle en el más completo silencio, como sintiéndose aplaudido por el mundo.


Escrito en 5 de febrero de 2017-Valparaíso

5 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. De una gran realidad nefasta. Gracias por invitarme al blog y compartir esta crónica conmigo. Saludos amigo !

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  3. Por lo menos les pagaba los libros y les hacía pasar un buen rato

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  4. Cuantas historias encerradas en poemas, tiró al tacho este vil canalla?? Solo su conciencia lo supo, pero ella inocente, jamás se pronunció...
    Excelente Carlos... gracias por compartirlo e invitarme a entrar a tu lugar.

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  5. Cuanta gente envuelta en el egoismo de su propio ego

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COMENTARIOS SELECTOS SOBRE MATERIAL DEL BLOG


Sobre Alicia Galaz Vivar y Oiver Welden:

"En su artículo de revista Trilce, Carlos Amador Marchant recuerda haberlos despedido el día de su partida. Escribe que si Alicia se hubiera quedado en Chile habría sido testigo incrédulo de la destrucción de toda iniciativa creativa".

Carlos Amador Marchant escribe blogs impresionantes.

Robert Cowser,

Profesor Emérito, Universidad de Tenesí (Estados Unidos).




Noviembre-Diciembre 2014.-





Carlos Amador Marchant es uno de los más importantes poetas de su generación. Su poesía refleja un tiempo histórico con hablantes desesperados que buscan una salida en diversos tipos de túneles, los del alma y aquellos que la historia tiene oculta en sus bibliotecas ancestrales, en lo más profundo de la memoria de nuestro pueblo.

Aristóteles España
Octubre de 2008
(sobre el libro "Hijo de Sastre")


Sobre ballenas y un libro:
"Estimado amigo Carlos Amador Marchant: agradezco emocionado la mención que haces de mi novela en tu bella y emocionante crónica. Un fuerte abrazo desde España".

Luis Sepúlveda (escritor)
24 de julio de 2010 15:03

Sobre ballenas y un libro: "Estimado Carlos: Gracias una vez más, por cierto, tu blog es uno de los pocos que merecen llamarse literarios. Es sencillamente muy bueno y tus crónicas son estupendas. ¿Las tienes reunidas en un libro de crónicas? Es un género que se pierde con el tiempo. Un fuerte abrazo desde Gijón, Asturias".

Luis Sepúlveda (escritor)
26-07-2010

Crónica "Dame de beber con tus zapatos". Luis Sepúlveda (escritor) dijo... Querido amigo, como siempre disfruto y me maravillo con tus crónicas. ¿Para cuando un libro? un abrazoLucho
(Gijón-España) 10 de julio de 2011 15:25

Sobre Ballenas y un libro: Fuertes imágenes de una historia y una matanza, y de un lugar, que sobrecogen. Con pocos elementos, pero muy contundentes, logras transmitir una sensación de horror y asco que no se olvidan. He estado en Quintay varias veces, y sé lo que se siente al recorrer las ruinas de la factoría; mientras uno se imagina los cientos de ballenas muertas infladas, flotando en la ensenada, en espera del momento de su descuartizamiento, antes de ser hervidas en calderos gigantescos e infernales, para extraer el aceite y el ámbar, tan apetecidos por la industria cosmética en el siglo XX , así como lo fue (el aceite) para el alumbrado callejero en el siglo XIX... Crónica muy bien lograda. Un abrazo.

Camilo Taufic
Santiago de Chile. 27-07-2010

Sobre "Los caballos y otros animales junto al hombre": Tus asnos, caballos, burros y vacas son otra cosa, por cierto, tan cercanos al hombre, tan del hombre. Te adjunto una vieja fotografía de dos palominos que tomé en las montañas de Apalachia, en Carolina del Norte, allá por el año 1983. Encuentro interesante y muy amena la manera en que hilvanas tus textos, siempre uniendo al tema alguna faceta literaria o cultural (en este caso, Delia del Carril, Virginia Vidal, Nemesio Antúnez, Santos Chavez). Hace tiempo te dije que no desistieras de tus crónicas, que van a quedar, y mis palabras fueron corroboradas recientemente por Lucho Sepúlveda cuando él te escribió a propósito de tu artículo Sobre ballenas y un libro: "Estimado Carlos: (...) Tu blog es uno de los pocos que merecen llamarse literarios. Es sencillamente muy bueno y tus crónicas son estupendas. ¿Las tienes reunida en un libro de crónicas? Es un género que se pierde con el tiempo. Un fuerte abrazo desde Gijón, Asturias. Lucho". Y eso digo yo también, que tus crónicas son estupendas. Te escribe desde Benalmádena, Málaga:

Oliver Welden (poeta)
21 de agosto de 2010


Sobre "El corcoveo de los apellidos..." ¡Notable, muy bueno! Escribir sobre la configuración de su nombre, con esa transparencia en el decir es algo que se agradece, precisamente en un pequeño universo donde lo que más pareciera importar es "el nombre". Además, esas referencias a los escritores nortinos siempre son bienvenidas, pareciera que no siempre ellas abundan en la crónica y crítica nacional.

Ernesto Guajardo
(Valparaíso-15 noviembre-2010)

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En torno a "La sombra de Adolfo Couve sobre Cartagena"

Gracias Carlos por el envío. Gesto muy noble recordarlo y dirigirnos a él, con su obra y vida... Adolfo no recibía el Amor, de cualquier manera hubiese sido feliz, era bello por dentro y por fuera... Su muerte me hirió mucho.

Saludos
Alicia Dauvin del Solar
(abril-9 de 2016)

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