jueves, 15 de marzo de 2018

GRANDES VOCES EN FRASCOS PEQUEÑOS







(Brenda Lee, en 1964)


Sobre este tema se ha escrito bastante y muchas veces se llega a pensar qué tiene que ver una cosa con la otra. Lógico; el talento, la capacidad, pueden ir adherido al "envase" que sea. Es decir, la persona podrá ser poco agraciada de rostro, exageradamente alta o a la inversa. Eso no importará. Es la capacidad, el talento, la inteligencia, lo trascendente. Estamos claro. Sin embargo, esto que escribo lo hago con extrema admiración. Lo hago con pasión y con esa sensibilidad de quien vive de sensaciones, de espaciosas sensaciones que agrandan e iluminan el universo. Y es que la vida está hecha de éstas. De no ser así, simplemente, todo sería opaco. Fíjense ustedes que esta noche, escuchando música, de todo tipo, he vuelto la mirada a la década del sesenta del siglo 20. Desde ese espacio, he rescatado voces de la música popular que dominaron el mundo. Voces poderosas, hermosas y potentes voces en una época donde el sonido, además, era deficiente. Me encuentro con Connie Francis, por ejemplo, y esa tonalidad romántica que traspasa el cielo, más allá de los famosos “hoyos negros”. Y la Brenda Lee, granjeándose una identidad nueva. Yo era muy niño en ese tiempo, y las imaginaba como seres inmensos, amplios y al mismo tiempo mitigantes. Si bien Connie ya alcanzó los 80 años y Brenda se encamina hacia allá, ambas eran (son) de estaturas que no alcanzan el metro sesenta. He ahí el poder y la fuerza del yo, el predominio de la grandeza sin límites que surge desde el interior. Y esto mismo hacía que se adueñaran de los escenarios, que se engrandecieran en ellos. Hay muchos casos, por cierto, que sería largo enumerar, pero que a la larga me hacen admirar el frasco diminuto y selecto, de excelencia, es decir, lo menudito. En la actualidad se han producido otras voces poderosas como Alejandra Guzmán y Emy Winehouse (fallecida), también bajas de estaturas. La misma Madonna, pronto a cumplir sesenta años, no supera el metro sesenta y cuatro, en fin. Pero éstas y muchas más son sorprendentes, estatuas para el futuro; estatuas de arenas, de nubes, de lo que sea, para perpetuarlas. 


Escrito por Carlos Amador Marchant, en 15 de marzo de 2018.-

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"El mundo que hicimos, el mundo que queda por hacer, no tienen el mismo valor o significado. Se hilvanan distintos ojos. Pero la vida es una sola, conocida o no, y la acción de amarnos con chip reales, tendrá que ser prioridad de los nuevos tiempos."

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