En la foto aparece Jorge, mi hermano mayor que falleciera el 16 de mayo de 2026 (en Arica) a los 74 años. Un cáncer se lo llevó de un momento a otro tras soportar dos operaciones. Nunca pensé que se iría; creí que pasaría los noventa años. Pero la vida nos golpea con sorpresas. Acá se ve junto a Jéssica, otra hermana fallecida el 18 de noviembre de 2014. La réplica corresponde al año 1960, en la localidad de Tarapacá, al interior de Iquique, Chile.
Hoy, 17 de mayo mientras cremaban su cuerpo, le dediqué estas palabras de despedida.
PALABRAS PARA MI
HERMANO JORGE SEGUNDO MARCHANT CRESPO
Mi hermano Jorge vivió
intensamente el pliego de los siglos veinte y veintiuno. Lo recuerdo certero
recorriendo las calles de Iquique, los muelles, las avenidas. Lo recuerdo, al
mismo tiempo, escrutando los valles de Arica y el desierto. Él me enseñó a
caminar por el mundo, a salir de las complicaciones que involucra la vida, y
cada vez que me miraba, lo hacía pensando en lo que podría pasar mañana.
Siempre delató ser el hermano
mayor. Desde su profesión hasta el contacto con el comercio, aparecía con sus
pasos lentos casi en forma sorpresiva, como si alguien lo llamase. De una forma
u otra buscó fórmulas para dar un mejor color al ennegrecimiento social, y
hasta el final de sus días criticó los acontecimientos actuales.
Jorge fue un gran soñador, pero
se refugió en una soledad que lo protegió del sol quemante. Cuidó a sus
hermanos desde la distancia y la cercanía, a sus padres, a sus animales
domésticos.
Si bien la vida es una escena
corta con personajes que van y vienen y luego se van, la nada cobra existencia
cuando la detenemos y la hacemos eterna.
En los últimos años y meses y
días, es decir, antes de partir de esto que llamamos Tierra, dialogamos en
torno al pasado. Por consiguiente, venían a nosotros los momentos primarios en
Iquique, su liceo antiguo, el Mercado Municipal, la mamá Victoria y el Amador
cuando jóvenes. Reía al verse de nuevo sobre esas calles del viejo puerto, con
las piernas ágiles, con los dientes brillantes, con la juventud que roba,
posteriormente, la existencia.
Jorge fue irascible, pero también
alegre. Estas combinaciones como agua y vino hicieron de él al hombre que vimos
circular en bicicleta.
Yo lo quise en la forma más
certera que involucra la comprensión. Y en esta dinámica en que nos
desplazamos, logramos hacer la dualidad imperfecta y perfecta de dos hermanos
que nacieron para observar al mundo.
Su muerte repentina fue de la
misma forma que él tenía cuando aparecía en escena. Mi hermana Jacqueline me
comunicó la triste noticia. Ella lloraba y a mí el corazón pareció saltar desde
mi cuerpo.
Es verdad que los muertos son
extrañados. A Jorge me lo imaginé de cien años y sin embargo se nos fue mucho
antes.
Yo lo quise en la forma más
certera que involucra la comprensión. Y esto lo seguiré repitiendo ad aeternum.
CARLOS AMADOR
MARCHANT CRESPO

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